JUGAR CON FUEGO

Por Pedro Pablo Rodríguez

La cubierta reproduce el grabado “El Pipila”, del mexicano Pablo O’Higgins, que muestra al minero que quemó la puerta de la fortaleza de Guanajuato cuando la toma del poblado de Albóndiga por los insurgentes en 1810.

El pasado año el concurso literario de la Casa de las Américas convocó a un premio especial para conmemorar el bicentenario de  las independencias hispanoamericanas. Por unanimidad y en rápido acuerdo, el jurado  —del que fui miembro– escogió un libro de Sergio Guerra Vilaboy, historiador y profesor de Historia de América en la Universidad de La Habana, titulado Jugar con fuego. Guerra social y utopía en la independencia de América Latina.

La obra, bajo el sello editorial de la Casa, acaba de ser presentada en la parte habanera de la Feria del Libro  y estoy seguro que atraerá la atención de los interesados en este tema de alcance continental por más de una razón.

Aunque ha publicado algunos títulos acerca de asuntos propios de un país (Paraguay: de la independencia a la dominación imperialista, 1811-1870, Asunción, 1991), Guerra Vilaboy lleva muchos años examinando problemas históricos a escala continental y se ha acercado a la época de la independencia en más de una ocasión, por lo que Jugar con fuego mantiene una continuidad  con su labor precedente y aporta una especie de síntesis de estudios anteriores en obras como América Latina y la independencia de Cuba (Caracas, 1999)  y sobre todo en El dilema de la independencia. Las luchas sociales en la emancipación latinoamericana (1790-1826) (Bogotá, 200).

Este último libro es trabajo de madurez intelectual y profesional: la habitual  capacidad analítica demostrada por el autor se despliega aquí para abarcar toda la extensión geográfica hispanoamericana al igual que el extenso período que cubrió la pelea contra el colonialismo español a través de un enjundioso panorama que establece momentos, etapas, dentro de aquel proceso complejo, con sus flujos y reflujos. No se busque, pues, el relato pormenorizado de aquellos sucesos que fueron conformando esa formidable epopeya de emancipación, ni tampoco la descripción del desenvolvimiento de luchas armadas y de contiendas políticas que lo caracterizaron. Como tampoco se trata de un análisis que pretende agotar aquel proceso en la enorme riqueza de sus variados ángulos y perspectivas.

Guarra Vilaboy se propuso, como lo declara desde su “Nota preliminar”, valorar la independencia como revolución desde la historia comparada. Ese fue el reto que asumió y en consecuencia ahí se hallan sus resultados. No era ese, desde luego, un camino inédito en la historiografía continental, aunque quizás sea Jugar con fuego el examen más concienzudo al respecto. Pero, a mi juicio, la originalidad mayor de este libro descansa en su análisis integrador, en su capacidad de interrelacionar los hechos y temas que podrían llamarse locales con los regionales y universales, y en su certero enjuiciamiento dialéctico de los hechos y del proceso histórico en su conjunto.

Sergio Guerra Vilaboy se sitúa entonces a plena conciencia en la mirada marxista que siempre le ha caracterizado, y, como él mismo reconoce, siguiendo la perspectiva del alemán Manfred Kossok, notable estudioso de la época de las revoluciones burguesas de finales del siglo XVIII y los primeros decenios del XIX en Europa y América.

Desde tales presupuestos, el historiador cubano se mueve por dos temas centrales: las luchas sociales en la independencia de la América Latina y las aspiraciones de integrar a las antiguas colonias durante el desarrollo del proceso emancipador. En consecuencia, examina los intentos por alcanzar una profunda revolución, por un lado, y los planes para preservar la unidad de Texas a Patagonia. Así, pone el acento en las disposiciones que considera revolucionarias y en los programas para las transformaciones, incluyendo las ideas primigenias de unidad latinoamericana.

Estamos en presencia entonces de una obra que hurga en la posibilidad, en  las realidades y en los deseos de la revolución continental en su primer momento, entre 1790 y 1830. Es el examen de una época de revolución., que finalmente se frustró tanto en su alcance radical, transformador de las estructuras coloniales, como en su objetivo de mover tales cambios hacia una vasta nación que cubriera la totalidad del antiguo imperio colonial o, al  menos, de varias de sus vastas regiones. Por tanto no se trata de una historia de las ideas ni de los próceres; aquellas y estos aparecen a lo largo del examen del proceso de luchas sociales hacia la revolución latinoamericana que entrega el historiador.

Dos asuntos son de notar en Jugar con fuego. Uno es que el autor, a diferencia de buena parte de la historiografía tradicional y hasta de muchos estudiosos contemporáneos  considera que el ciclo de su estudio arranca con la revolución haitiana. El otro, estrechamente vinculado con aquel, es la inclusión en su mirada de las Antillas españolas, cuyo desenvolvimiento por esos años no puede entenderse al margen del proceso bélico y político que sacudía a Tierra Firme: las islas no estuvieron al margen del proceso general, aunque ni en Cuba ni en Puerto Rico se abriera la opción emancipatoria.

El libro se sostiene en una amplia y muy actualizada bibliografía, que evidentemente ha proporcionado al autor informaciones y criterios asimilados de manera inteligente y creadora por su parte. Su lectura resulta amena, a pesar de que destaca la obra por el peso y el rigor del análisis histórico: la madurez de Sergio Guerra Vilaboy se manifiesta también en su prosa limpia y directa, no exenta de riqueza de imágenes —como puede observarse en los sugerentes títulos de los epígrafes—, y en su acabada exposición que convierte a cada uno de los siete capítulos en verdaderos ensayos que pueden ser leídos satisfactoriamente por separado, sin que ello le reste coherencia al libro en su conjunto. Justamente, si hubiera que clasificar el libro en algún género, quizás cabría considerarlo en el ensayístico por la soltura de sus ideas, la argumentación cuidadosa y convincente que huye de la erudición agotadora, y la ligereza de su escritura que se lee fácilmente.

Por último, Jugar con fuego hace patente desde sus primeras páginas la actualidad tanto del tema que examina como de la propia perspectiva en que se sitúa el autor. Sin forzamientos, sin torcer los hechos en su favor, sin hacer del pasado un  mero instrumento para el presente, Sergio Guerra Vilaboy nos demuestra cuánto hay implícito hoy de aquel pasado y cuán importante es el conocimiento de aquella apuesta por la revolución continental para quienes también apuestan por ella  en nuestros días.

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