A 30 años de la Guerra de Malvinas

En el diario Tiempo Argentino el investigador argentino Marcelo Vernet, descendiente del gobernador Vernet nombrado por Bernardino Rivadavia en 1822 analiza la situación de las islas a futuro.

Tiempo Argentino 02.04.2012

Por: Martin Piqué

Marcelo Vernet“Hay posibilidades de recuperar las islas” El chozno del primer comandante argentino en las Malvinas asegura en esta entrevista que inevitablemente se va a ir hacia la negociación por la soberanía del archipiélago porque al Reino Unido le resultará cada vez “más gravoso” sostenerlo. Historiador, poeta y un investigador apasionado de la vida cotidiana en el Atlántico Sur, considera que la estrategia es continuar involucrando a la región pensando las islas como parte de Sudamérica.
A Marcelo Luis Vernet le pesaba el apellido. Ya desde niño, en la escuela primaria, cierta tradición familiar lo invitaba a hacer honor a ese apellido. Y, para colmo, la palabra “Vernet” aparecía en los libros de historia. Así empezó su pasión. Cada 10 de junio, cuando en el calendario escolar se recordaba el aniversario de la creación de la comandancia política y militar de Malvinas, las maestras le pedían que preparara una exposición sobre la historia de las islas. Marcelo, que en la universidad estudiaría antropología cultural y letras, comenzó a foguearse con la tarea de contar. Para su alivio, la casa paterna le proveía de un salvavidas inestimable: en la biblioteca había encontrado un libro-film, que traía láminas con diapositivas, que se llamaba Conozca las Malvinas.

“Como yo me llamaba Vernet, me embocaban sistemáticamente para hacer algo en esa fecha. Entonces yo zafaba con las diapositivas. Era Gardel, me estudiaba de memoria cada foto y por las dudas tenía un machete. Se oscurecía el aula, se conseguía un proyector y parecía que yo había ido a las Malvinas”, recuerda hoy Marcelo, con más de 50 años sobre el lomo y la autoridad de haberse convertido en un historiador especializado en la vida cotidiana de las islas.

Periodista, poeta, investigador de la historia del Atlántico Sur, Marcelo Luis Vernet respondió al llamado de la sangre: el primer comandante político y militar de las Malvinas, el comerciante Luis Vernet, fue el abuelo de su abuelo. “O sea, yo vengo a ser el tataranieto. O chozno”, se corrige, divertido, a poco de comenzar la entrevista.Entusiasmadas con su facilidad para recordar nombres propios y detalles de la geografía austral, su familia le propuso que se preparara para ir al programa “Odol Pregunta”, que conducía Cacho Fontana. “Me compré un cuaderno escolar, de esos Éxito o Gloria, y empecé a leer sistemáticamente. Aunque al cuarto descubrimiento mandé todo al corno. Cada vez había más golfos, bahías, fechas. Y eran nombres impronunciables”, rememora.

Aunque no llegó a la televisión, Marcelo sí accedió a otra cosa: conoció la historia de María Sáez de Vernet, la esposa del abuelo de su abuelo. En el revuelo de libros consultados, mientras estudiaba de memoria para impactar a Cacho Fontana, encontró en la biblioteca un pequeño volumen de Redención de la soberanía, firmado por Antonio Montarcé Lastra. Era un libro escrito con una verba inflamada de nacionalismo hispánico y católico. “En la primera mitad del librito había un tesoro”, explica. El librito reproducía de forma textual el Diario íntimo de María Sáez de Vernet en Malvinas.

“Ella era uruguaya, una criolla. Y en el diario contaba el día a día de lo que pasaba en Puerto Soledad. Ese lugar está al norte de lo que hoy es Puerto Argentino o Puerto Stanley, en lo que es la Bahía de la Anunciación, o Berkeley Sound en inglés. Hoy es el apostadero naval de una estancia.  Allí vivían alrededor de 100 personas. Es un diario íntimo típico de una mujer del siglo XIX: con referencias a los chicos, a la casa, al trabajo”, cuenta.La lectura de las vivencias de María Sáez, que llegó embarazada a las Malvinas y tuvo cuatro hijos con el primer comandante de las Malvinas, acercó a Marcelo Vernet al gran tema de su vida: la investigación de la vida cotidiana en las islas entre 1822 y 1833.

“Luis Vernet venía de Hamburgo, Alemania, aunque su familia era francesa hasta la maceta. Probablemente se habían ido de Francia por cuestiones religiosas: eran hugonotes (protestantes). Vernet había hecho muchos viajes como el tripulante que iba al cuidado de un embarque comercial. ¿Por qué cayó en Buenos Aires? Él se dedicaba al comercio de carnes y cueros. Y para alguien que se dedicaba a eso, Buenos Aires era “la” plaza comercial. Instalarse acá debe haber sido para él como escalar en ese rubro.” –¿Cuánta gente vivía en Malvinas a principios de 1830?–Ese es mi tema, es mi pasión. Por el diario (de María Sáez) yo me meto y veo que había un mundo ahí. Lo mismo revela el diario que escribió Emilio, el hermano de Luis. Era un texto más práctico, en el que anotaba cuestiones del trabajo. Pero también contaba que, cuando había alguna festividad vinculada a una fecha patria, como el 25 de Mayo, el festejo consistía en alzar la bandera, tirar una salva de cañonazos, comer asado con cuero, tortas, tiro al blanco y carreras de caballos. Ese era el festejo más o menos solemne. Todo esto me permitió trabajar la gesta cotidiana del poblamiento de Malvinas con probanzas testimoniales. Y lo que descubrí está muy lejos del cliché muy abstracto que comenzó a circular en el país a partir de 1982.

 

Era la frase de “las Malvinas son argentinas” y un recuerdo difuso sobre algo parecido a una gobernación. Pero nadie le entraba al tema como correspondía.–Ese desconocimiento favoreció la posición de los británicos, que al escuchar que los kelpers son una población trasplantada de la metrópoli contestan que las Malvinas, en 1833, eran un territorio desocupado.–Claro. Hablan de res nullius (expresión que en latín significa “propiedad de nadie”), de que en 1833 las Malvinas eran un presidio en ruinas.–Dicen que el Estado argentino no valoraba ese territorio…–Pero no era así. Las Malvinas eran un territorio estratégico. Y lo primero que hay que ver para hacer justicia, si se quiere entender el poblamiento de Malvinas, es estudiar la historia de los procesos de colonización. Hay que estudiar todos los proyectos fallidos de colonización de la época de Bernardino Rivadavia, contemporáneos al empréstito de la Baring Brothers. Malvinas fue un exitoso proyecto de colonización, coetáneo a todos estos procesos, que va desde 1823 a 1833. Y ese colonizador de Malvinas sobrevivió al fusilamiento de Dorrego,sobrevivió a la era rivadaviana, sobrevivió al crack de 1824 y 1825. Y sólo fue abortado por la intervención de dos potencias extranjeras, EE UU y Gran Bretaña.

 

PATAGÓNICOS Y SUDAMERICANOS.

Marcelo Vernet suele definirse como periodista, poeta, historiador. En dos ocasiones formó parte de la comitiva oficial que representó a la Argentina en la sesión anual del Comité de Descolonización de la ONU. Le gustaría colaborar con el Museo sobre la historia de las islas, que tendrá su sede en la ex ESMA. “Hasta ahora no me llamaron pero espero recibir alguna convocatoria. Tengo mucho material y algún conocimiento”, comenta con una sonrisa.Rodeado de libros en su departamento del centro de La Plata, Vernet opina con entusiasmo sobre el debate planteado por el foro de intelectuales y periodistas que integran Beatriz Sarlo y Jorge Lanata. Bautizado como Plataforma 2012, ese grupo cuestiona la política exterior que viene llevando adelante el gobierno de Cristina Fernández en el marco del conflicto por la soberanía. Para emitir su opinión, en la que no faltan el humor y la ironía, Vernet se vale también de la historia.

–¿Cuál es su posición ante la postura del Grupo Plataforma, que argumenta que habría que intentar “seducir” a los isleños si se quiere lograr alguna efectividad en la acción diplomática?

–Dijeron mucho más que eso. No me interesa polemizar por polemizar, no quiero armar una retórica con espolones y tirarnos piedras, pero sí poner blanco sobre negro. Si lo que planteó ese grupo de intelectuales fuera sólo seducir a los isleños, sería una estrategia, que ya probamos y fue fallida. En Malvinas debe haber coleccionistas de rarezas que deben coleccionar como objeto extraño los obsequios que les enviábamos desde acá, como los ositos Winnie Pooh de Menem, o las aventuras del pingüinito con el iglú, o las cartitas que mandaba para Navidad. Pero ellos, queriéndolo o no, yo no voy a emitir un juicio personal pero sí objetivo, lo que están haciendo es tomar lisa y llanamente la posición del Foreign Office. Porque ellos hablan de la autodeterminación de los pueblos y de los “deseos” de los isleños. Y esto, bueno, es un tema muy profundo. Y aunque ese grupo es una gama bastante heterogénea, tiene dos o tres líneas discursivas que no son nuevas. Hay defensores muy claros de estas teorías.

La periodista de Clarín de apellido impronunciable hace mucho que la conozco forjar una historia de “pobres los isleños, nosotros no los entendemos”. Y lo hace desde un discurso humanitario, un discurso progre, de Derechos Humanos. Está bien, es una posición. Ahora, ¿hay que respetar el interés de la comunidad isleña y su modo de vida, o hay que respetar los deseos de ellos? Gran Bretaña sostiene, sin el menor fundamento jurídico ni de derecho internacional, que hay que respetar los deseos de los isleños. Pero con esa posición, que no es inocente, están queriendo desconocer que el conflicto por Malvinas es el conflicto territorial más importante del mundo en este momento.

–¿El más importante del mundo?

–-Sí, el conflicto territorial más importante que existe. Por eso interesa al mundo. Y por eso interesó, desde 1775 a la fecha, a todas las grandes potencias internacionales. Minimizar el tema es penoso. Hace poco escuché a Sylvina Walger, de la cual no sé si es periodista o ventrílocua, decir en un programa de Mariano Grondona que el conflicto por la soberanía de Malvinas no era tan importante. Y usó esta expresión: “¿Pelearnos por esto? Ni que fuera en Cancún.” “Ni que las Islas Malvinas fueran en Cancún”. Eso dijo. Y ella es una de las firmantes, uno de los miembros del Grupo Plataforma. Lo de Walger es de una ignorancia y de una liviandad lo que está diciendo… Porque si se respeta la autodeterminación y los deseos de los isleños, la Argentina seguirá teniendo un “Estado tapón”, como tantos otros del Commonwealth, a pocas millas de su orilla. También significa que tenemos una base militar de la OTAN sobre nuestras costas y las costas de la región sudamericana. Significa que ese enclave de la OTAN va a reclamar sus 200 millas marinas, más las otras según la Convención del mar. Significa, además, que ese territorio va a reclamar su proyección antártica. Es una disputa territorial de primer orden. Y mientras tanto, estas expresiones periodísticas, en programas como el de Mariano Grondona, trivializan el debate y esconden que el conflicto no es sólo por las Malvinas. Es el Atlántico Sur lo que está en disputa.–¿Hay posibilidades de recuperar la soberanía sobre las Malvinas?

–Lo primero que digo es sí. Hay cada vez más posibilidades. Y es por la vía que se está siguiendo. Hay que mantener esta política: la vía diplomática y regionalizar el tema. Eso es clave.Estamos ante un escenario en el que, en algún momento, va a caer como una fruta madura. Los argentinos hemos elegido el marco de una negociación. Y una negociación no es la guerra, en la que se pelea por el 100% o nada. Entonces, ¿cuáles son los márgenes de la negociación con Gran Bretaña? Ese es un tema de viabilidad política que debemos discutir con seriedad entre las distintas fuerzas políticas, las distintas corrientes de pensamiento. Y en ese punto tenemos una guía objetiva, que está en la Ley Fundamental, nuestra Constitución, cuya cláusula transitoria dice claramente que la soberanía argentina sobre las islas es irrenunciable. Pero también se compromete a respetar el interés de la comunidad isleña. El otro paso, entonces, construir viabilidad y consensos políticos para una negociación.

–¿Por qué esa confianza en que la negociación se va a dar indefectiblemente?

–Porque en algún momento le va a resultar más gravoso al Reino Unido y la Comunidad Europea sostener las Malvinas que ir a negociar. Por eso, los británicos también van a tener que construir consensos internos, políticos, para prepararse a una negociación. Y ojo que a Inglaterra, ni a la Comunidad Económica Europea, ni a la OTAN le es poca cosa Malvinas. Porque si bien Gran Bretaña está cada vez más débil, también está cada vez más necesitada. Ante este escenario, hay una decisión que excede a la Argentina y es regional. Hay que imaginar alternativas de negociación posibles y yo creo que el tema regional es una vía a explorar con mucha profundidad. Así como la Comunidad Económica Europea considera a las Malvinas como un territorio marino de ultramar de la Comunidad Europea, ¿hasta dónde podemos involucrar a la región, a Sudamérica, en Malvinas? En los últimos años, el apoyo de este actor regional, la Unasur, no sólo se plasma en los acuerdos y apoyos, sino en medidas cada vez más concretas y menos declamativas: como las decisiones de no abastecer a los barcos con bandera de Malvinas en los puertos de la región. ¿Vio la consigna de muchos ex combatientes, de muchos veteranos, que dicen “volveremos a Malvinas, de la mano de América Latina”? Yo creo que no es una mera expresión de emoción, porque queriéndolo o no, con esa idea están diseñando una nueva geopolítica.

–Pensando escenarios futuros, ¿cómo se podría convivir con los isleños?

–Yo creo que no tenemos nada que negociar con los isleños. Pero sí, paradójicamente, tenemos muchísimo que conversar con ellos. Y esto no se crea desde la nada. Se crea, para mí, desde dos pertenencias, desde dos matrices. La primera es la matriz patagónica. Ellos, los isleños, son patagónicos también. Aunque Gran Bretaña trate de ocultar esto. Pero si usted repasa la historia de Malvinas, la matriz patagónica de las islas se manifiesta claramente en lazos de sangre, en familias, en historias familiares. Y también hay que convocarlos a que reconozcan que son Sudamérica. Son Sudamérica, les guste o no les guste.

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