Después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) se expandió el campo socialista, pues a la URSS, nacida en 1917, se unieron los países de Europa del Este, liberados por los soviéticos. El “peligro” de la expansión “comunista” condujo a la creación de la Organización del Atlántico Norte (OTAN), en 1949, una alianza militar entre los países europeos occidentales con Canadá y los EEUU, que, con el estallido de la “guerra fría”, aseguró la defensa del autoproclamado “mundo libre”.

Bajo el supuesto de defensa frente a cualquier amenaza “externa”, en 1947 se suscribió el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), un acuerdo similar a la OTAN, que en plena guerra fría y, sobre todo, a raíz de la Revolución Cubana (1959), sirvió de instrumento para garantizar políticas continentales de seguridad militar anticomunista hegemonizadas por los EEUU.

La OTAN creó un cerco militar al bloque de países socialistas, garantizado con bases militares norteamericanas en Europa. En América ocurrió algo parecido y, sobre todo, las fuerzas armadas latinoamericanas, penetradas por la ideología anticomunista, pasaron a ser actores decisivos en la vigilancia y hasta derrocamiento de gobiernos progresistas y demócratas, e incluso, en dictadores que dirigieron políticas terroristas destinadas al exterminio de cualquier germen izquierdista, como ocurrió en el Cono Sur, a partir del régimen de Pinochet (1973-1990).

El derrumbe del bloque socialista obligó a modificar las estrategias y orientaciones de la OTAN. El TIAR demostró ser innecesario e indigno para las soberanías y las sociedades latinoamericanas. Hoy, los países del ALBA encabezan la necesaria reorientación de las fuerzas armadas y de las estrategias de inteligencia y seguridad, para que se identifiquen y sustenten los cambios que se impulsan en América Latina.

Pero en 2009, se aprobó la participación de Colombia en la Fuerza Internacional  de Asistencia para la Seguridad (ISAF); y para este mes (junio 2013) está previsto el acuerdo de “cooperación” de esta república en la OTAN, según lo precisó el Ministro de Defensa colombiano Juan Carlos Pinzón. Esto provocó las reacciones inmediatas de Venezuela, Bolivia y Nicaragua y con suficiente razón histórica, porque la OTAN no se compadece con las necesidades de seguridad de América Latina, sino que incrusta, en medio de los países bolivarianos, estrategias directas de las grandes potencias para expandir sus intereses en la región.

Fuente: EL TELÉGRAFO – Primer Diario PúblicoEcuador, lunes 10 de junio de 2013

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