Gaspar de Francia.

Sergio Guerra Vilaboy

La lucha de Paraguay por su desarrollo independiente y contra las intervenciones extranjeras durante el siglo XIX, constituye uno de los acontecimientos más relevantes, y al mismo tiempo menos conocidos, de la historia de América Latina. Después de la proclamación de su independencia en 1813, tanto de España como de Buenos Aires, y hasta la devastación de su territorio por los ejércitos invasores de la Triple Alianza en 1870, Paraguay fue una excepción entre los países latinoamericanos.

En la antigua tierra guaraní la elite criolla no pudo ascender al poder tras la emancipación, como sucedió en el resto del hemisferio, donde quedaron inconclusas las transformaciones socio-económicas, fue obstaculizado el desarrollo autóctono y facilitado la sustitución del viejo colonialismo por una dependencia de nuevo cuño. Bajo la conducción del doctor Gaspar de Francia, con el apoyo de los campesinos y peones mestizos e indígenas, que lo proclamaron Dictador Supremo en un congreso masivo en Asunción, se impulsaron los avanzados proyectos democráticos de la corriente radical rioplatense, abriendo el camino al desarrollo nacional.

Durante sus primeras décadas de vida republicana se profundizó la revolución popular paraguaya, tras el fracaso de las conspiraciones de los ricos estancieros y comerciantes que pretendían plegarse a las exigencias de Buenos Aires (1821), cuyos bienes fueron confiscados. Las tierras expropiadas a traidores y realistas, así como a la iglesia, fueron repartidas entre los desposeídos o convertidas en las célebres Estancias de la Patria, destinadas al abastecimiento del ejército nacional, forjándose una sociedad muy igualitarista, sin paralelo en el resto del hemisferio.Además, la interrupción del comercio exterior, debido a la hostilidad bonaerense -que consideraba a Paraguay provincia suya-, unido a los aranceles proteccionistas implantados por el doctor Francia, facilitaron la consolidación de las artesanías, mientras los comerciantes importadores se arruinaban y era prohibida la entrada de mercaderes y negociantes foráneos.

Después de la muerte del doctor Francia en 1840 ocupó la presidencia Carlos Antonio López. El nuevo mandatario continuó la política de su antecesor, aunque tuvo a su favor el reconocimiento internacional, tras la caída de la dictadura de Rosas en Buenos Aires y la instauración de la Confederación Argentina (1852-1862). Conseguida la libertad de navegación por el Paraná, el Estado paraguayo pudo vertebrar su propia flota mercante, que llegó a ser la mayor de la región, buena parte de ella construida en astilleros nacionales.

Esta proeza fue posible con la ayuda de técnicos extranjeros, contratados por López, que permitió incluso echar al agua, por primera vez en América Latina barcos de acero movidos a vapor. Los insumos materiales provenían de la fundición de Ibicuy, que también abastecía al arsenal de Asunción, del que salían cañones, armas ligeras, proyectiles, implementos agrícolas y otros artículos. En 1854 comenzó el tendido del primer ferrocarril de trocha ancha del Río de la Plata, que sería el segundo de toda la América del Sur.

Al ingresar a este insólito Paraguay, en plena efervescencia productiva, que controlaba celosamente la actividad económica privada y no permitía la libre entrada del capital y las manufacturas extranjeras, el periodista español Idelfonso Antonio Bermejo escribió: “los pasajeros deben presentar a los guardias paraguayos las onzas de oro que lleven, y las apuntan para que al retirarse del país no puedan extraer mayor cantidad de la que han introducido”. Compungido agregó: “Comprendí que en esta República no está muy acariciado el sistema de librecambio.”  

Para acabar con la única nación que resistía la presión de las grandes potencias industriales, y que incluso en 1858 había llegado a sortear una intervención militar directa de Estados Unidos, como ya contamos en informe Fracto, se organizó por Inglaterra la Triple Alianza con los gobiernos de Argentina, Brasil y Uruguay. Su verdadero propósito, como escribiera el historiador inglés Pelham Horton Box en The origins of the Paraguayan war (1927), era “abrir de par en par las puertas a la civilización moderna, en forma de concesiones, financiación, inversiones extranjeras y otras emanaciones de la Bolsa de Berlín, Londres New York y Buenos Aires. Las bendiciones del laissez faire reemplazaron a los males del paternalismo y, como de costumbre, el campesino se convirtió en peón explotado y sin tierra.”

Fuente: www.informefracto.com – 9 de julio de 2021

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