Por Sergio Guerra Vilaboy

Conocí a Ricaurte Soler (1932-1994) en ocasión de su visita a Cuba, a mediados de los setenta, como jurado del Premio Casa de las Américas. Interesado en dialogar con colegas cubanos, lo recibí junto con otros profesores en la entonces Facultad de Humanidades de la Universidad de La Habana. Me impresionó descubrir en aquel hombre impecablemente vestido, con cierto aire de los cincuenta, una extraordinaria modestia, poco usual en una personalidad de su talla, pues con algo más de cuarenta años ya era considerado uno de los intelectuales más lúcidos de Nuestra América.

Egresado de la Universidad de Panamá, doctorado en filosofía en París, con estudios de Historia en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Ricaurte ya había publicado entonces sus sólidos ensayos: Pensamiento panameño y concepción de la nacionalidad durante el siglo XIX (1954); El positivismo argentino (1959); Estudio sobre historia de las ideas en América (1961) y Formas ideológicas de la nación panameña (1963). Gracias a este primer encuentro con Soler comencé a recibir Tareas, una de las revistas de pensamiento latinoamericano con más tradición del continente -su número inaugural había aparecido en octubre de 1960- y que él sostendría, contra viento y marea, hasta su último aliento.

Con frecuencia me lo encontraba en congresos y reuniones internacionales de historiadores o en su propia tierra natal, cuando a solicitud suya ofrecí un curso de postgrado en su Alma Mater y en el cual, como muestra de sincero compañerismo, asistió a todas las conferencias. Quizás fue en esa temporada, a fines de 1986, que lo conocí mejor, descubriendo facetas de su personalidad ocultas por una elegante timidez y su proverbial introversión, permitiéndome aquilatar toda su extraordinaria condición humana y entender el reconocimiento universal que gozaba entre alumnos y coterráneos.

De su propia voz supe de su compromiso con las luchas antimperialistas y por la unidad de nuestros pueblos, sentimientos nacidos al calor del profundo impacto de la Revolución Cubana, a la que siempre acompañó, y de la reivindicación panameña del Canal, que lo contó entre sus más firmes defensores desde los trágicos sucesos de 1964, que Ricaurte sufrió en carne propia. Su decidido respaldo a las mejores causas de Nuestra América no sólo puede advertirse en sus múltiples textos de incisiva perspicacia política y en la orientación antimperialista y latinoamericana que imprimió a Tareas, sino también en hechos concretos poco conocidos, entre ellos su temprana vinculación con la insurrección antisomocista a la que serviría de nexo para la contribución del general Torrijos a la Revolución Sandinista.

Esa postura vertical, junto a la permanente indagación de las raíces de lo nacional latinoamericano que lo obsesionó, aparece nítidamente reflejada en sus valiosos trabajos sobre Justo Arosemena y otros próceres latinoamericanos (Mariano Otero, Manuel Ugarte), así como en todos sus libros, entre ellos: Clase y Nación en Hispanoamérica (1976); La nación hispanoamericana, estudio histórico-crítico sobre la idea nacional hispanoamericana (1978); Idea y cuestión nacional latinoamericana. De la independencia a la emergencia del imperialismo (1980); Clase y Nación. Problemática latinoamericana (1981); Cuatro ensayos de historia sobre Panamá y Nuestra América (1987); El pensamiento político en Panamá en los siglos XIX y XX (1988); Panamá, historia de una crisis (1989) y, La invasión de Estados Unidos a Panamá. Neocolonialismo en la postguerra fría (1991), cuyo subtítulo, por cierto, brotó durante una larga tertulia nocturna con Oscar Zanetti en Sao Paulo. En el Congreso de la Asociación de Historiadores de América Latina y el Caribe (ADHILAC) en Querétaro (México) en junio de 1994, donde compartimos por última vez, resultó reelegido vicepresidente de la organización de la que era fundador, la misma que hoy sigue sosteniendo sus ideales y aspiraciones de redención latinoamericana, que son su mejor legado.

Publicado

en http: INFORME FRACTO.com/Madre América-Cuba, 19 de junio de 2019.

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