En 1960 la política agresiva de Estados Unidos hacia la Revolución Cubana se intensificó, como reconoció en su libro Seis Crisis(1962)Richard M. Nixon. Según el entonces vicepresidente del gobierno de Dwight Eisenhower, a principios de ese año, “la CIA recibió instrucciones de facilitar armas, municiones y entrenamiento a los cubanos huidos del régimen de Castro, exiliados en los Estados Unidos y otros países de la América Latina. La operación se realizaba en secreto.”

Desde ese momento subieron de tono, con la abierta complicidad de la oligarquía, la burguesía y otros sectores cubanos adinerados, las actividades subversivas promovidas con la descarnada ayuda norteamericana. La creciente hostilidad de Estados Unidos y el fariseísmo de la administración Eisenhower, fue comentado en enero de 1960 por el periódico The Washington Post, a propósito de las expropiaciones de tierras por la reforma agraria cubana aprobada el año anterior: “La política de fuerza que se ha recomendado usen los Estados Unidos contra Cuba provocaría que su población y las demás de Latinoamérica se preguntaran por qué el Departamento de Estado muestra tantas preocupaciones por los derechos de propiedad, cuando se mantuvo casi completamente en silencio frente a la cuestión de los derechos humanos durante los años de la dictadura de Batista.

El 4 de marzo de 1960 explotó en el puerto de La Habana el vapor francés La Coubre, cargado con armas y municiones adquiridas por el Gobierno Revolucionario en Bélgica, con un saldo de 75 muertos y más de 200 heridos. Este despiadado sabotaje, casi coincidió con la orden de Estados Unidos (17 de marzo) para entrenar en la América Central un contingente de exiliados cubanos para invadir la Isla.

Ante la brutal acometida norteamericana, la Revolución Cubana comenzó a acercarse a la Unión Soviética (URSS), aprovechando la presencia en La Habana, en febrero de 1960, de su viceprimer ministro Anastas Mikoyan, para inaugurar la exposición de Logros de la Ciencia y Técnica de su país, ya presentada en México y Estados Unidos. Al término de la visita se firmó el primer convenio comercial entre los dos países, que permitiría a Cuba la venta de 5 millones de toneladas de azúcar hasta 1964 y la adquisición de petróleo. Poco después fueron restablecidas las relaciones diplomáticas con la URSS y a fines de junio de 1960 Raúl Castro viajó a Moscú, donde se reunió con el principal dirigente soviético Nikita Jruschov.

El inminente conflicto directo con Estados Unidos estalló a fines de ese mismo mes, motivado por la negativa de la Standard Oil de New Jersey (Esso), Texas Company (Texaco) y la Royal Dutch Shell, de procesar en sus refinerías el petróleo soviético comprado por Cuba. El desacato de los grandes consorcios, que seguían instrucciones de Washington, llevó al Gobierno Revolucionario a expropiarlas el 28 de junio de 1960, amparado en la ley sobre minerales combustibles de 1938, que las obligaba a refinar el hidrocarburo proporcionado por el Estado cubano. En represalia, el 6 de julio el presidente Eisenhower canceló las compras de azúcar a Cuba y poco después la URSS anunciaba su disposición de adquirir también esa cantidad.

La dura respuesta cubana llegó el 6 de agosto en un acto público en el stadium de El Cerro, encabezado por el Primer Ministro Fidel Castro, en presencia de centenares de asistentes al I Congreso Latinoamericano de Juventudes, entre ellos el derrocado gobernante de Guatemala Jacobo Arbenz. Se trataba de la nacionalización de todas las grandes empresas industriales y agrarias norteamericanas -fábricas, minas, compañías de teléfonos, electricidad, ferrocarriles y otras muchas entidades-, complementadas el 17 de septiembre con la confiscación de todos sus bancos. Según el decreto de expropiación, los Estados Unidos podrían decidir sobre la compensación, pues si seguían comprando azúcar cubano el excedente por encima de tres millones de toneladas sería destinado a pagar las indemnizaciones. El propio embajador estadounidense en La Habana, Philip Bonsal, propuso aceptar el ofrecimiento, pero dos meses después fue retirado y no volvió más a la Isla.

El Gobierno Revolucionario declaró entonces, hace ahora sesenta años, una semana de festejos populares y se organizaron entierros y funerales simbólicos de las compañías norteamericanas expropiadas. Según el relato de un testigo: “En la escalinata del Capitolio Nacional se expuso los sarcófagos de las empresas yanquis nacionalizadas. El 13 de agosto, los ataúdes simbólicos fueron lanzados al mar.” Ese mismo día Fidel Castro cumplía 34 años.

Fuente: www.informefracto.com – 11 de agosto de 2020

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