Por Sergio Guerra Vilaboy

Al atardecer del 19 de abril de 1961, los integrantes de la Brigada 2506, formada por contrarrevolucionarios cubanos, entrenados y financiados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, se rendían en las arenas de Playa Girón, en la bahía de Cochinos, donde habían desembarcado tres días antes.

La memorable victoria de la Revolución Cubana tuvo un doble significado histórico. Por un lado, precipitó la proclamación del socialismo por Fidel Castro, el 16 de abril, en acto frente al cementerio de Cristóbal Colón de La Habana, para despedir a las víctimas mortales del bombardeo, ocurrido el día anterior, preludio de la invasión. Por el otro, constituyó la primera derrota militar de Estados Unidos en América.

En 1961 la agresividad norteamericana contra la Revolución Cubana había alcanzado su punto máximo con la ruptura de las relaciones diplomáticas (3 de enero) y la aprobación por el nuevo presidente John. F. Kennedy del plan diseñado por la CIA al gobierno anterior de Dwight Eisenhower, para invadir la isla con una fuerza militar de exiliados. El contingente se entrenaba desde fines de 1960 en Retalhuleu, Guatemala, con la complicidad de los gobiernos de Nicaragua y Panamá. 

En la madrugada del 15 de abril se puso en práctica el plan con el ataque sorpresivo a los aeropuertos de Santiago de Cuba, San Antonio de los Baños y Ciudad Libertad, por aviones con falsas insignias cubanas salidos de Nicaragua, piloteados por mercenarios, que provocaron 7 muertos y casi 50 heridos. El inesperado bombardeo no logró destruir las pocas aeronaves cubanas, heredadas de la dictadura de Fulgencio Batista. Uno de los aviones enemigos, en lo que hoy sería una fake news, aterrizó en Miami procedente de Nicaragua, para presentarse como un desertor cubano, pues el plan de la CIA incluía una campaña propagandística internacional para que el ataque pareciera un problema interno, lo que fue denunciado en vibrante discurso por el canciller de Cuba Raúl Roa en las Naciones Unidas (ONU).

Dos días después, la fuerza mercenaria, integrada por unos 1400 hombres, desembarcaba en la Ciénaga de Zapata por Playa Larga y Playa Girón, en la bahía de Cochinos, al sur de la isla, un lugar distante de la capital cubana y cercano a la Sierra del Escambray, donde operaban todavía algunas bandas contrarrevolucionarias. La expedición militar llegó a Cuba en varios barcos desde Puerto Cabezas (Nicaragua) con abundante armamento y explosivos e incluía tanques, lanchas de desembarco, jeeps, cañones, morteros y camiones, así como respaldo aéreo.

Los invasores fueron enfrentados de inmediato por las milicias locales de campesinos y carboneros, que les impidieron avanzar en profundidad, sin poder consolidar una cabeza de playa, prevista para instalar al “gobierno” que esperaba en Miami, ni completar el desembarco de su equipamiento. A este resultado también contribuyó el dominio aéreo de la reducida aviación cubana, que el mismo 17 de abril hundió dos barcos de transporte y derribó seis aparatos enemigos, obligando al resto de la flotilla a alejarse de la costa, para sorpresa de los invasores, que esperaban un paseo militar y el respaldo de la población.

Al segundo día comenzó la contraofensiva de las milicias, la policía y el Ejército Rebelde, que obligó a los invasores a replegarse hacia Playa Girón, tras abandonar Playa Larga y demás áreas ocupadas. Al conocer estos primeros fracasos, el presidente Kennedy se vio obligado a no involucrarse, alegando la necesidad de mantener una “mínima visibilidad”, para ocultar su responsabilidad con la injustificada invasión a un país soberano. El 19 de abril, los mercenarios que aún no se habían rendido o perecido en los combates, trataron de reembarcarse en su último reducto de Playa Girón, que fue tomado en horas de la tarde por las fuerzas encabezadas por el propio Fidel Castro.

En los duros combates murieron más de doscientos hombres -161 defensores y 107 invasores-, y ambos lados tuvieron centenares de heridos, mientras 1189 mercenarios fueron capturados. En diciembre de 1962, estos últimos fueron canjeados por alimentos, valorados en 52 millones de dólares. Esta etapa heroica de la historia contemporánea de Cuba puede considerarse sellada con la proclamación por Fidel Castro, en vísperas del ataque a Playa Girón, del carácter socialista de la Revolución.

Al despedir el duelo a las víctimas del bombardeo aéreo, el 16 de abril de 1961, el líder cubano había declarado emocionado: “Lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es que estemos aquí, lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es la dignidad, la entereza, el valor, la firmeza ideológica, el espíritu de sacrificio y el espíritu revolucionario del pueblo cubano. ¡Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices! ¡Y que hayamos hecho una Revolución Socialista en las propias narices de los Estados Unidos!”

Fuente: www.informefracto.com – 13 de abril de 2021

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