Sergio Guerra Vilaboy

El éxito de la operación PBSUCCESS, orquestada en 1954 por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos contra la Revolución Guatemalteca (1944-1954), permitió entronizar la dictadura del coronel Carlos Castillo Armas, quien había dirigido el ejército “liberacionista”. A este personaje correspondió desmontar las avanzadas transformaciones democráticas y socio-económicas, entre ellas la reforma agraria.

El reacomodo de las clases dominantes generó nuevas luchas por el poder, que llevaron en 1957 al asesinato de Castillo Armas por un miembro de su propia escolta, episodio que involucró al dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, según asevera Tony Raful en La rapsodia del crimen. Trujillo vs Castillo Armas (2017). Su inesperada muerte despejó el camino a la presidencia del viejo general oligárquico Miguel Ydígoras Fuentes, tras un amañado proceso electoral.

El nuevo mandatario no tuvo un lecho de rosas, pues le tocó el convulso escenario signado por el triunfo de la Revolución Cubana, que estimuló la rebeldía popular. A ello también contribuyó la manifiesta hostilidad de Ydígoras hacia Cuba: fue uno de los primeros gobernantes latinoamericanos que, siguiendo instrucciones de Washington, rompió relaciones diplomáticas con la isla (1960) y prestó su territorio para la preparación de una invasión contrarrevolucionaria que pretendía replicar la de Castillo Armas seis años atrás.

En medio de un profundo deterioro económico, Guatemala fue sacudida por una serie de atentados y protestas callejeras. En ese ambiente, el 16 de julio de 1960, oficiales de baja graduación, trataron de ocupar la base militar de Cobán (Alta Verapaz). A este frustrado intento siguió, el 13 de noviembre, un gran levantamiento militar liderado por el coronel Rodolfo Sessan Pereira, que involucró a un centenar de oficiales y más de tres mil soldados, descontentos con el alto mando y la presencia de contrarrevolucionarios cubanos armados en el país.

Los sublevados ocuparon el cuartel general de la capital y la base militar de Zacapa, pero la revuelta fue sofocada en dos días, gracias a Estados Unidos, que puso a disposición del gobierno la fuerza mercenaria cubana que se entrenaba en Retalhuleu, y a la terca negativa de los oficiales rebeldes de entregar armas al pueblo. Una veintena de ellos, encabezados por Luis Augusto Turcios Lima, Marco Antonio Yon Sosa, Luis Trejo Esquivel y Alejandro de León, rechazó la oferta de amnistía y decidió continuar la lucha. En el exilio o la clandestinidad, estos jóvenes militares terminaron vertebrando su propia organización, el Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre (MR-13), que llegaría a colaborar con el Partido Guatemalteco del Trabajo (Comunista).

Estos hechos fueron el preámbulo de una nueva oleada de protestas públicas y manifestaciones populares antigubernamentales que pusieron al régimen de Ydígoras al borde del colapso. En esa caldeada atmósfera, a principios de 1962, comenzaron a operar en El Progreso, Zacapa e Izabal las primeras guerrillas del MR-13, aunque no lograron todavía consolidarse y debieron volver a las acciones urbanas.

Casi al mismo tiempo, los comunistas guatemaltecos abrieron su propio destacamento guerrillero en Concuá, a las órdenes del coronel Carlos Paz Tejada, antiguo jefe de las fuerzas armadas en el gobierno de Juan José Arévalo (1945-1950). A pesar de contar con este jefe experimentado, los guerrilleros del PGT fueron sorprendidos por el ejército a sólo tres días de iniciada la campaña en Baja Verapaz, que dejó un saldo de 14 combatientes muertos, entre ellos Julio Roberto Cáceres, el Patojo, amigo cercano del Che Guevara desde su estancia en Guatemala. Entre los sobrevivientes figuraban el propio Paz Tejada y Rodrigo Asturias, hijo del afamado novelista Miguel Ángel Asturias y futuro máximo comandante de la Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas (ORPA). Era el bautismo de fuego del movimiento guerrillero en la tierra del quetzal.

Fuente: informefracto.com – 1 de junio de 2021

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