Sergio Guerra Vilaboy

El levantamiento militar franquista del 17 de julio de 1936 se manifestó en As Pontes, como en otras partes de España, de forma muy violenta, con castigos, acciones revanchistas y crímenes. Esa oleada represiva alcanzó en este pueblo gallego de la Coruña su máxima expresión con el asesinato de cuatro miembros de la familia de Manuel Ramos Fernández, quien había ganado en 1931, por la coalición republicana-agrarista, el cargo de teniente alcalde, junto a José Vilaboy, elegido alcalde. Ramos era muy conocido en la ciudad por sus frecuentes viajes a Cuba, que realizaba desde muy joven, acompañado de muchos de sus paisanos, que regresaban con recursos para sus familias y el desarrollo de As Pontes.

Destituidas estas autoridades locales por el golpe contra la segunda república, el poblado quedó casi de inmediato bajo el control de las milicias falangistas, organizadas por el teniente Francisco Adalid, que impusieron un clima de terror para evitar el avance de lo que llamaban “hordas marxistas” y perseguir a los “desafectos de la causa Nacional”. Uno de los más connotados represores era Narciso Corral, quien vestido de uniforme se dedicó a penalizar a los moradores con multas arbitrarias. Fue este individuo quien convenció a cuatro de su misma calaña para castigar al ex vicealcalde Ramos, alegando supuestas órdenes recibidas de El Ferrol.

Con esa finalidad, la tarde del 22 de agosto de 1936, el grupo punitivo se trasladó al aislado caserío de As Barosas, de sólo cuatro apiñadas casas de piedra y situado a siete kilómetros de Puentes. Sorprendida la familia Ramos al regresar del trabajo agrícola, los falangistas los atacaron con sus armas, resultando herido el exteniente alcalde de 65 años y sus hijos Manuel, José y Dolores, que se resistieron a ser apresados, obligando a los agresores a replegarse sin terminar de cumplir su objetivo.

Tras la retirada de los falangistas, los Ramos quedaron con cuatro de sus integrantes heridos, uno de ellos de gravedad. Esa noche volvieron los agresores, envalentonados con un refuerzo de veinte hombres armados. Obligaron a salir de la vivienda a dos vecinos que auxiliaban a los heridos, así como a la madre con dos de sus hijos, quedando solo en el interior de la casa de dos pisos Manuel Ramos y su hijo del mismo nombre, este último acostado en una cama en muy mal estado.

Varios de los asaltantes irrumpieron y mataron a golpes al joven Manuel, de 25 años, mientras su padre, que los enfrentaba, al escuchar las amenazas de prender fuego a su morada, bajó las escaleras donde fue alcanzado por un disparo y rematado con otro en la cabeza. Cometidos los asesinatos, los falangistas trasladaron hacia As Pontes los dos cadáveres de la familia Ramos en un carro, al que iban atados la madre y el hijo sobreviviente. En el cementerio, los muertos fueron arrojados en una fosa común e inmediatamente el teniente Adalid disparó, a la vista de varios habitantes del pueblo al que pretendían aterrorizar, sobre José Ramos, de 28 años, que cayó fulminado. Su madre, Juana Ferreiro, negada a hacer el saludo fascista ante los cuerpos sin vida de su esposo y dos de sus hijos, fue también ejecutada a balazos por el mismo oficial fascista.

De la familia de Ramos Ferreiro que estaban en As Barosas aquella terrible noche sólo escaparon con vida dos de sus miembros: el pequeño Jesús Ramos, resguardado a tiempo en una casa vecina, y la hija Dolores Ramos, que huyó de los asesinos, con un tiro en una mano, y se mantuvo escondida en el bosque hasta que fue rescatada por el cura de una parroquia cercana, quien la protegió.

De esta acosada familia gallega no fueron ultimados, además de los dos miembros mencionados, otros tres hermanos que no se encontraban ese trágico día en el caserío de As Barosas. Entre ellos estaba mi abuela, Antonia Ramos Ferreiro, en Cuba desde hacía meses con mi madre, que entonces tenía trece años. Finalizada la Guerra Civil, los hijos supervivientes se atrevieron a denunciar a los agresores y sólo fue implicado Narciso Corral, jefe de la Falange, quien luego sería alcalde franquista de As Pontes, absuelto en 1942 de todos los cargos por un juez militar que consideró actuaba en “cumplimiento del deber”.

Hace unas semanas, en vísperas de cumplirse ochenta y cinco años de aquellos trágicos sucesos, volví con una de mis hijas y mi nieta al cementerio de As Pontes. En el sitio donde estuvo la fosa común en la que fueron echados mis ancestros –exhumados en 2006 por la Asociación de la Recuperación de la Memoria Histórica de España- hay ahora una cruz con una pequeña placa que dice: “En memoria de Manuel Ramos F., Juana Ferreiro R., Hijos: Manuel y José, víctimas de la guerra civil. 22.8.1936 D.E.P.”

Fuente: www.informefracto.com – 13 de julio de 2021

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