Sergio Guerra Vilaboy

Doscientos años se cumplen este 18 de julio de la creación por Brasil de la llamada provincia Cisplatina, formada con los territorios ocupados en la Banda Oriental del río Uruguay. Desde los primeros tiempos coloniales, la región era eje de las disputas fronterizas entre España y Portugal, agudizadas desde 1680 por la creación de la Colonia de Sacramento.

El enclave lusitano no tardó en convertirse en base del contrabando en el Río de la Plata, hasta que un destacamento militar español desalojó a sus ocupantes, que lo recuperaron dos años después. La fundación de Montevideo (1726) inició un pulse de fuerzas que estuvo a punto de llegar a un conflicto de mayor envergadura. Para zanjar sus diferencias, ambos reinos ibéricos firmaron en 1750 el Tratado de Madrid, que entregaba a Lisboa amplias áreas en las cuencas del Amazonas y el Paraná a cambio de la Colonia del Sacramento. Los posteriores tratados de San Idelfonso y de El Pardo confirmaron la soberanía hispana sobre la extensa Banda Oriental del río Uruguay.

Después de la ocupación napoleónica de la península ibérica y la llegada de los Bragança a Rio de Janeiro, el interés portugués sobre ese territorio se renovó, tras la deposición del virrey en Buenos Aires en 1810. Tropas lusitanas invadieron el este del Plata en apoyo a los realistas sitiados en Montevideo por los patriotas de José Artigas. En octubre de 1811 el gobierno bonaerense llegó a un acuerdo con los españoles, logrado con la mediación del representante inglés Percy C.S. Smythe, Vizconde de Strangford, que buscaba preservar el comercio británico. El pacto obligó al llamado “éxodo del pueblo oriental” de su propia tierra, siguiendo al Jefe de los Orientales (Artigas), junto a la retirada del ejército lusitano, dejando a los realistas toda la disputada región.

Reiniciada la lucha independentista en Uruguay, los portugueses, guiados por el general Carlos Federico Lecor, volvieron a invadir en 1816 para alcanzar los “límites naturales” del Río de la Plata. Después de cuatro años de tenaz resistencia, Artigas y sus hombres, derrotados en Tacuarembó, fueron forzados de nuevo a salir hacia el litoral del Paraná. A favor de los lusitanos actuó la defección de las elites de Montevideo, plasmadas en el Tratado de La Farola (1819), preocupadas por sus intereses económicos. A continuación, el 18 de julio de 1821, el territorio oriental fue anexado a Brasil con el nombre de provincia Cisplatina, pues para los portugueses las trasplatinas eran Entre Ríos y Corrientes, que también ambicionaban. 

En 1825 la situación cambió con el desembarco de la expedición libertadora de Juan Antonio Lavalleja, conocida como de los 33 orientales, que tras el resonante triunfo militar de Sarandi pudo establecer un gobierno provisional en la Florida y convocar un congreso. El cónclave proclamó la reincorporación del territorio oriental a las Provincias Unidas del Río de la Plata, lo que condujo a la guerra con el recién creado Imperio del Brasil. En vísperas de la contienda bélica, el general rioplatense Carlos María de Alvear se entrevistó con Simón Bolívar en Potosí, proponiéndole crear una confederación con su nombre que detuviera a Brasil.

Pero el ejército imperial, comandado por el general Felisberto Caldeira, marqués de Barbacena, no pudo detener la poderosa ofensiva conducida por el propio Alvear, que obtuvo la indiscutida victoria en Ituzaingó, el 20 de febrero de 1827. Los reveses militares, el carácter impopular de la guerra y el desgaste económico, unido a la presión de Inglaterra, resentida por la paralización del comercio, obligaron al emperador Pedro I a negociar. La propia coacción británica impuso, el 28 de agosto de 1828, un tratado de paz definitivo.

Mediante este convenio se fabricaba un Estado independiente al sur de la provincia oriental del Río de la Plata, como cuña entre los intereses del Imperio brasileño y el gobierno de Buenos Aires, impidiendo el control unilateral del estratégico estuario. Además, la parte norte de la antigua Banda Oriental se entregaba a Brasil, que la convertiría en Rio Grande y Santa Catarina. Pese al acuerdo, todavía a mediados del siglo XIX los insatisfechos apetitos imperiales brasileños volvieron a depredar a la República Oriental del Uruguay en 43 mil kilómetros cuadrados, en lo que se llamó “las californias”, por su parecido a la expansión territorial de Estados Unidos a costa de México.

Fuente: www.informefracto.com – 16 de julio de 2021

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