Segio Guerra Vilaboy

El derrocamiento en 1955 del gobierno de Juan Domingo Perón en Argentina se inscribe en la ofensiva de Estados Unidos, a inicios de la guerra fría, contra los últimos gobiernos nacionalistas de América Latina, de la que ya habían sido víctimas un año antes Jacobo Arbenz en Guatemala y Getulio Vargas en Brasil. Esa agresiva e intolerante política era aplicada por la nueva administración republicana de Dwight D. Eisenhower y Richard M. Nixon, instalada en la Casa Blanca desde enero de 1953, que puso fin a veinte años consecutivos de presidencias demócratas.

La hostilidad de Estados Unidos a Perón había comenzado una década atrás, desde la propia campaña electoral de 1946, cuando intentó impedir su triunfo apoyando al candidato opositor de una heterogénea coalición de partidos, que reunía desde los oligárquicos hasta los comunistas, que lo acusaban de fascista. Aunque el coronel Perón había formado parte de un gobierno militar que no ocultaba sus simpatías por el nazismo, marcó distancia de sus compañeros de armas y construyó, desde su puesto de ministro, una base social propia entre los trabajadores, gracias a un programa social sin precedentes, que lo llevaron a la Casa Rosada con el 55% de la votación, como ya contamos en Informe Fracto.

El gobierno peronista comenzó por proclamar en Tucumán, el 9 de julio de 1946, en el mismo lugar donde se había declarado la independencia sudamericana hacia 130 años, un manifiesto de emancipación económica. Para ello, adoptó un ambicioso plan quinquenal que incluía la compra de los ferrocarriles ingleses y franceses, además de la Unión Telefónica de una empresa norteamericana, entre otras propiedades foráneas, reforzando la intervención gubernamental en las ramas básicas de la economía e impulsando el desarrollo de una flota mercante nacional. Además, puso el acento en la expansión industrial, incentivado a los propietarios con subsidios, créditos y protección arancelaria.

En 1949 se aprobó la carta magna que recogía los principios fundamentales del justicialismo: derecho al trabajo, a la salud, el bienestar, la protección de la familia y seguridad social, el mejoramiento económico y la defensa de los intereses profesionales. La nueva constitución incluía la función social de la propiedad, el capital y la actividad económica, reservando al Estado la explotación de las fuentes de energía, los minerales y los servicios públicos.

Los indiscutibles logros del primer sexenio peronista, que elevaron en forma significativa el nivel de vida de la población, fortalecieron al movimiento sindical y permitieron al Partido Justicialista ganar en forma arrolladora las elecciones de 1952. Todas las maniobras de Estados Unidos y las elites conservadoras y militares para impedirlo fracasaron, desde los intentos golpistas hasta las desembozadas campañas mediáticas del diario opositor La Prensa, que fue expropiado.

Pero el segundo mandato de Perón, que comenzó con la muerte de su popular esposa Evita, enfrentaba un escenario muy desfavorable, ante el agotamiento del modelo económico basado en las divisas acumuladas durante el conflicto mundial. A ello se sumó la redoblada hostilidad estadounidense, puesta al descubierto con la visita a Buenos Aires, en julio de 1953, de Milton Eisenhower, hermano del mandatario norteamericano, para obligarlo a dejar su “tercera posición” y alinearse contra la Unión Soviética (URSS). Muestra de independencia política dio Perón al negarse a participar en la Guerra de Corea, oponerse a la condena de Guatemala en la reunión panamericana de Caracas en 1954 y la apertura en Argentina de la primera exposición industrial soviética en América.

En esa compleja coyuntura estalló el conflicto con la iglesia católica, opuesta a la abolición de las exenciones impositivas a las propiedades eclesiásticas, la implantación del divorcio y la prohibición de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas. El ambiente de confrontación creado fue aprovechado por la oposición reaccionaria y Estados Unidos para promover un golpe de estado en connivencia con la alta oficialidad derechista. El preludio fue la sublevación de la marina el 16 de junio de 1955, que llegó a bombardear la Plaza de Mayo, con saldo de cientos de muertos y heridos, seguido el 16 de septiembre por un golpe militar. La asonada puso fin al régimen justicialista y obligó a Perón a un prolongado exilio de 18 años. Pero la brutal represión desatada por la “revolución libertadora”, el asalto a los sindicatos, el cierre del parlamento y la proscripción del Partido Justicialista, no pudieron sacar al peronismo de la memoria del pueblo argentino.

Fuente: www.informefracto.com – 20 de julio de 2021

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