De las reformas a la revolución: el camino de Manuel Belgrano

Carolina Crisorio

 

1. Introducción

Manuel Belgrano es una figura que invita al debate. Su vida, su pasión y sus compromisos fueron opacados por la Historia Oficial. Durante décadas se hizo hincapié en aquellos aspectos que lo transformaban en un héroe de bronce. Se fue tejiendo un mito propicio a la fundación de la joven nación argentina, desdibujando al hombre de carne y hueso, descalificando o sacando de contexto algunas de sus acciones y parte de su pensamiento. El paso del tiempo, a medida que se borroneaban los claroscuros y las contradicciones de su vida pública y privada dio lugar a una figura hierática cada vez más irreal.

 

Retornar a sus escritos y repensar su conducta en el largo camino hacia la construcción de nuestra soberanía constituye un fructífero desafío, en un escenario mundial convulsionado por una profunda crisis económica internacional que pone en cuestión el mundo unipolar que parecía perfilarse tras la desintegración soviética. Si bien se mencionarán algunas de las acciones más sobresalientes a lo largo de su vida, este trabajo se detendrá en el período en el que el joven Manuel llegó al Río de la Plata con destacados antecedentes, dispuesto a mejorar las condiciones de vida de la colonia. Sin embargo, las circunstancias que enfrentó llevaron a que el entusiasmo reformista propio de la ilustración española y europea, se transformara en desencanto y, finalmente en compromiso revolucionario. En tal sentido se lo podrá encontrar cerca de personalidades con fuertes matices conservadores -que finalmente terminaron engrosando las filas realistas-, como también acercándose al ala más radicalizada rioplatense: Mariano Moreno, Juan José Castelli o Bernardo de Monteagudo. Por ello, Belgrano es difícil de etiquetar. Formado como intelectual no se resignó con ser un técnico sentado detrás de un escritorio. Fue un hombre político y cuando lo consideró necesario tomó las armas para la construcción de Nuestra América.

 

2. Reformas borbónicas y resistencia

Existe una fuerte convicción de que la Emancipación se debió a las particulares circunstancias que vivían las colonias como consecuencias de los cambios operados en los intercambios entre la metrópoli y las colonias a causa de las guerras con la Francia revolucionaria y luego napoleónica. Sin embargo, existieron una cantidad de conflictos y tensiones a partir de las reformas borbónicas. Estos descontentos frente a los cambios en las reglas de juego dieron lugar a reclamos, revueltas y levantamientos. En el cono sur entre los más notorios se pueden mencionar los movimientos de principios de la década de 1780: el de José Gabriel Condorcanqui en el virreinato del Perú[2], y en el virreinato del Río de la Plata los levantamientos de los altoperuanos Tomás Katari y Julián Apaza que adoptó un nuevo nombre: Túpac Katari.[3] Estas revueltas expresaban el repudio a nuevas presiones económicas, pero también a la opresión política y socio-cultural que sufrían amplias capas de pueblos originarios, mestizos y criollos. Sin embargo, el temor al cambio social también dio lugar a que una parte importante de la élite altoperuana tomara distancia de estos movimientos. Si bien estos fueron cruelmente sofocados y reforzaron el bastión realista del virreinato del Perú, dejaron una marca en la memoria histórica de los colonos del virreinato del Río de la Plata fundado poco antes (1776).

En este contexto, frente al despotismo ilustrado de la corona se gestó otra mirada reformista en aquellos que propusieron de una u otra manera mejorar la vida de los colonos. Eugenio Espejo en Quito, el venezolano Francisco Miranda en todos los escenarios que eligió actuar, entre otros, en un comienzo pensaron en que era posible encarar un camino de reformas para mejorar la situación de las posesiones americanas. Sin embargo, chocaron contra la muralla de los intereses metropolitanos y de las minorías coloniales que también salían beneficiadas con el monopolio y otras políticas de exclusión. Es apasionante ver cómo estos reformistas se convirtieron en precursores de la Emancipación de Nuestra América. Luego, los sucesos de Bayona dieron lugar a la Guerra de Independencia Española, pero también pusieron en marcha el proceso independentista (Chuquisaca, Quito, Caracas, Cartagena, Buenos Aires, como también Colombia, México, Chile, etc.)

 

3. El viaje de Belgrano

Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano (1770/1820), nació en Buenos Aires. Hijo de un próspero comerciante italiano y una criolla, inició sus estudios en el Real Colegio de San Carlos[4]. Fue enviado a estudiar a Salamanca, Valladolid y Madrid recibiéndose de abogado y perfeccionándose en economía política. Al estallar la Revolución Francesa el joven criollo confesaba:

… se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido, y aún las mismas sociedades habían acordado directa o indirectamente.[5]

 

Belgrano tomó como propias una parte sustancial de los principales postulados de la Revolución, y se inspiró en el contrato social de J.J. Rosseau, pero también estuvo influenciado por la ilustración española y, entre otras cosas, mantuvo vivo su catolicismo y su inclinación a las formas monárquicas. Su actuación fue tan destacada[6] que, a pesar de ser criollo, recibió el cargo de Secretario Perpetuo en el recientemente creado Consulado de Buenos Aires (1794). Estando aún en la metrópoli el flamante Secretario llegó a pensar que los consulados

…no tenían otro objeto que suplir a las sociedades económicas, tratando de agricultura, industria y comercio, se abrió un vasto campo a mi imaginación, como que ignoraba el manejo de la España respecto a sus colonias, y sólo había oído un rumor sordo a los americanos de quejas y disgustos, que atribuía yo a no haber conseguido sus pretensiones, y nunca a las intensiones perversas de los metropolitanos que por sistema conservaban desde el tiempo de la conquista.

Tanto me aluciné y me llené de visiones favorables a la América, cuando fui encargado por la secretaría, de que en mis memorias describiese las Provincias, a fin de que sabiendo su estado, pudiesen tomar providencias acertadas para su felicidad… y aunque ya entonces se me rehusaran ciertos medios que exigí para llenar como era debido el encargo, me aquieté, pues se me dio como disculpa que viéndose los fondos del Consulado se determinaría.[7]

 

4. La triste realidad

Arribó a Buenos Aires en 1794 donde se propuso difundir las nuevas ideas. En una Memoria presentada en 1796, si bien aducía no conocer bien el país, planteaba la necesidad de difundir la agricultura. [8]

Una de las causas a que atribuyo el poco producto de las tierras y, por consiguiente, el ningún adelantamiento del labrador, es porque no se mira la agricultura como un arte que tenga necesidad de estudio, de reflexiones, o de regla. Cada uno obra según su gusto y práctica…[9]

 

Para contrarrestar la falta de formación de los habitantes de la campaña impulsó la creación de escuelas:

¿Y de qué modo… corregir la ignorancia? Estableciendo una escuela de agricultura, donde a los jóvenes labradores se les hiciese conocer los principios generales de la vegetación y desenvoltura de las siembras, donde se les enseñase a distinguir cada especie de la tierra por sus producciones naturales, y el cultivo conveniente a cada una, los diferentes arados que hay…; los abonos…; el modo de formar sangrías en los terrenos pantanosos; la calidad y cantidad de simientes que convengan a esta o aquella tierra, …; el verdadero tiempo de sembrar, el cuidado que se debe poner en las tierras sembradas; el modo de hacer y recoger una cosecha; los medios de conservar sin riesgos y sin gastos los granos; las causas y el origen de todos los insectos y sabandijas; y los medios de preservar los campos y graneros de ellas; los medios de hacer los desmontes; los de mejorar los prados; los de aniquilar en la tierra los ratones y otros animales perjudiciales, tal como la hormiga, etc. y por último, donde pudiera recibir lecciones prácticas de este arte tan excelente.[10]

 

Sugería también promover el cultivo del cáñamo y el lino para producir textiles como también elementos útiles a la navegación. [11] Si bien le dedica menos espacio a la actividad ganadera el Secretario proponía impulsar la introducción del lanar, el cual cobró relevancia en la Argentina varias décadas después. La Memoria continúa haciendo referencia a otros aspectos técnicos como evitar dejar la tierra en barbecho aplicando en cambio la rotación de cultivos, el uso de abonos, la preparación de los terrenos para sembrar, etc.

 

Mientras propiciaba que se diera libertad a los productores para fijar los precios, también sugería que era necesario que se crearan tanto mecanismos de control como de estímulo para la introducción de mejoras tecnológicas:

 

Premiando a cuantos en sus exámenes dieran pruebas de su adelantamiento, franqueándoles instrumentos para el cultivo y animándolos por cuantos medios fuesen posibles, haciéndoles los adelantamientos primitivos para que comprasen un terreno proporcionado en que pudiesen establecer su granja y las semillas que necesitasen para sus primeras siembras, sin otra obligación que volver igual cantidad que la se ha había expedido para su establecimiento en el término que se considerase fuese suficiente para que sin causarles extorsión ni incomodidad lo pudiesen ejecutar. [12]

 

También estaba preocupado por el medioambiente y entre otras recomendaciones sostenía:

Es indispensable poner todo cuidado y hacer los mayores esfuerzos en poblar la tierra de árboles, mucho más en las tierras llanas, que son propensas a la sequedad cuando no estaban defendidas; la sombra de los árboles contribuye mucho para conservar la humedad, los troncos quebrantan los aires fuertes, y proporcionan mil ventajas al hombre, así que es conocido en el día en Europa, se premia por cada árbol que se ha arraigado… en Vizcaya hay mucho cuidado para que todo propietario que corte un árbol ponga en su lugar tres…[13]

 

Comprendía las limitaciones al crecimiento económico que significaba el peso del monopolio, por ello quería fundar

… una escuela titulada de comercio, donde los jóvenes vayan a instruirse en la aritmética, en el modo de llevar las cuentas y razón, y tener los libros: en el cálculo y regla de cambio; en las reglas de la navegación mercantil, de los seguros, etc.; en el modo de establecer la correspondencia mercantil y mantenerla, en las leyes y costumbres usadas entre negociantes, etc. donde al menos se les enseñen los principios generales de la geografía y las producciones que abundan o escasean [en] los países a fin de que con estos principios puedan hacer sus especulaciones con el mayor acierto posible y que si se dedican al comercio les proporcionen ventajas y adelantamiento que los empeñen al trabajo.[14]

 

Debido a las guerras que la Revolución Francesa había generado, la metrópoli se había visto perjudicada y debilitada, por lo tanto había tomado diversas medidas de flexibilización del monopolio. En tal sentido Belgrano reclamaba que la corona estableciese diversas medidas para favorecer la producción y exportación de varios productos:

Al gobierno, haciéndole presente a su majestad el estado actual de la navegación y falta de buques mercantes, motivo de lo  subido de los fletes y que no habiendo esta proporción de ningún modo se puede esperar que nuestros labradores se dediquen al cultivo, a cuyo fin se le suplicaría se dignase mandar que dos barcas de la real armada viniesen anualmente sin más objeto que conducir los linos y cáñamos que se cultivasen, ya en rama, ya en pasta, según su majestad acordase en beneficio de esta colonia, el trigo en grano o harina y las carnes saladas; señalando unos fletes moderados que sufragasen a los salarios de los que navegasen en ellas y a la deterioración de los buques.

El gobierno podría igualmente adoptar el medio de comprar todos los linos y cáñamos que se cosechasen; teniendo los labradores la certeza de la venta de sus cosechas no se puede dudar que se aplicarían con constancia, y este ramo de comercio vendrá a ser algún día uno de los más interesantes a este país, mucho más si su majestad sigue dispensándole las gracias que hasta aquí, como son la real cédula de comercio de negros, la real orden sobre el comercio con las colonias extranjeras y particularmente la que declara esta misma para que se haga con Brasil; la real orden de la libertad de derechos a las harinas, la que concede permiso a los vasallos de América para que tengan buques propios; gracias que hacen a que todos los pueblos de estos vastos sus dominios se levantase y se le erigiesen monumentos…[15]

 

Para favorecer el comercio externo proponía favorecer el librecambio y crear una entidad que favoreciera las exportaciones:

… una compañía que no tuviese otro fin que la exportación de los frutos propuestos, pues además de que la agricultura recibiría un fomento increíble en este país, se pondrían en giro muchos caudales que hoy permanecen sepultados a causa de no tener aquí un cuerpo donde con confianza los pudiesen poner a giro. Para ello debería tener la compañía sus buques en los que fuesen los frutos propuestos de cuenta de los labradores, bien fuesen de particulares comerciantes, o de la compañía misma, los fletes deberían ser moderados, pues no por eso dejarían de tener réditos regulares.

Mientras no se adopten estos recursos y permanezca nuestra marina mercantil en el actual estado, no esperemos que tengan valor nuestros frutos, ni que la agricultura reciba fomento como el que se necesita en este país…. Persuadámonos, señores, que en esta provincia la verdadera mina es la tierra bien cultivada, que mientras no se la atiendo nunca seremos felices, y que como dice el célebre Quesnay, con preferencia a todo, un Estado agricultor debe estar poblado de ricos labradores.[16]

En la Memoria de 1798 vuelve a insistir en contra del monopolio:

Muchos creen que si se concede entera libertad para la extracción de frutos, el país quedará pobre y miserable y todo vendrá a ser caro, y se presenta a su imaginación un cuadro lastimoso… me contento con citar aquí las máximas 16 y 25 del célebre economista Quesnay, que dicen: 1º) que no se impida el comercio exterior de los frutos, porque según es la extracción, así es la reproducción y aumento de agricultura. 2º ) Que se de entera libertad al comercio, pues la policía del comercio interior y exterior, más segura, exacta y provechosa a la nación y al Estado, consiste en la plena libertad de concurrencia.[17]

También reiteraba que era menester promover la agricultura, la industria, el comercio de exportación y la educación sin distinción de sector social o género (fue un pionero en sus propuestas de que Estado regulara la enseñanza de hombres y de mujeres).  Por lo tanto, reclamaba el fin del monopolio, pero también remarcaba el papel del Estado como generador de políticas de estímulo para la economía colonial. Más de una década después, entre marzo y principios de marzo de 1810 desde el Correo de Comercio de Buenos Aires el Secretario del Consulado seguía proclamando la necesidad de impulsar el libre comercio, promover la agricultura, la ganadería, la industria y la educación.[18] Belgrano, desalentado por no conseguir ninguno de sus objetivos se había terminado inclinando a favor de la Independencia.

… no puedo decir bastante mi sorpresa cuando conocí a los hombres nombrados por el Rey de la Junta, que había de tratar de agricultura, industria y comercio, y propender a la felicidad de la Provincias que componían el virreinato de Buenos Aires; todos eran comerciantes españoles; exceptuando uno que otro, nada sabían más que su comercio monopolista, a saber, comprar por cuatro para vender por ocho con toda seguridad…[19]

Paralelamente, reconocía que el monopolio resultaba imposible de remover por las presiones de los comerciantes ligados al tráfico metropolitano-colonial.

Por lo que después he visto, la Corte de España vacilaba en los medios de sacar lo más que pudiese de sus colonias, así es que hemos visto disposiciones liberales e iliberales a un tiempo, indicantes del temor que tenía de perderlas: alguna vez se le ocurrió favorecer la agricultura, y para darle brazos, adoptó el horrendo comercio de negros y concedió privilegios a los que lo emprendiesen: entre ellos la extracción de frutos para los países extranjeros. Esto dio mérito a un gran pleito sobre si los cueros, ramo principal del comercio de Buenos Aires, eran o no frutos;… decidieron que los cueros no eran frutos, y por consiguiente no debían comprenderse en los de la gracia de extracción en cambio de negros.

Mi ánimo se abatió, y conocí que nada se haría a favor de las Provincias por unos hombres que por sus intereses particulares posponían el del común…

 

Los frenos puestos a la educación también ahogaron las esperanzas de cambio:

Escribí varias memorias sobre la planificación de escuelas: la escasez de pilotos y el interés que tocaba tan de cerca a los comerciantes, me presentó circunstancias favorables para el establecimiento de una Escuela de Matemáticas, que conseguí a condición de exigir la aprobación del Corte que nunca se obtuvo, y que no paró hasta destruirla; porque aún los españoles, sin embargo, de que conociesen la justicia y utilidad de estos establecimientos en América, francamente se oponían a ellos, errados a mi entender, en los medios de conservar las colonias. No menos me sucedió con otra de diseño, que también logré establecer, sin que costase medio real el maestro: ello es que ni éstas, ni otras, propuestas a la Corte, con el objeto de fomentar los tres importantes ramos de agricultura, industria y comercio, de que estaba encargada la corporación consular, merecieron la aprobación;…se decía que todos estos establecimientos eran de lujo y que Buenos Aires todavía no se hallaba en estado de sostenerlos… desde principio de 1794, hasta julio de 1806 pasé mi tiempo en igual destino, haciendo esfuerzos impotentes a favor del bien público; pues todos escollaban en el Gobierno de Buenos Aires, o en la Corte, o entre los mismos comerciantes individuos que componían este cuerpo, para quienes no había más razón, ni más justicia, ni más utilidad, ni más necesidad que su interés mercantil; cualquier cosa que chocase con él, encontraba un veto, sin que hubiese recurso para atajarlo. [20]

 

5. Algunos desencantos más

Debilitada la presencia hispana en los mares, por su alianza con Francia, la ciudad, que había comenzado a cobrar importancia en el último cuarto del siglo XVIII se transformó en un objetivo atractivo para algunos el voraz imperio británico dando lugar a las invasiones de 1806 y 1807. Belgrano había sido nombrado capitán de las milicias urbanas, pero nunca había habido necesidad de ejercer el cargo:

El marqués de Sobre Monte, virrey que entonces era de las Provincias, días antes de esta desgraciada entrada me llamó para que formase una compañía de jóvenes del comercio, de caballería, y que al efecto me daría oficiales veteranos para la instrucción: los busqué, no los encontré; porque era mucho el odio que había a la milicia en Buenos Aires con el cual no se había dejado de dar algunos golpes a los que ejercían la autoridad, o tal vez a esta misma que manifestaba demasiado su debilidad.[21]

La inoperancia del virrey, la falta de organización del ejército y la falta de formación de la milicia permitieron el éxito de los invasores ingleses. Con la entrada del Gral Beresford a la ciudad, Belgrano propuso a otros funcionarios salir de la ciudad con el archivo y los sellos acompañando al virrey que había huido a la ciudad de Córdoba.

… al mismo tiempo les expuse, que de ningún modo convenía a la fidelidad de nuestros juramentos que la corporación reconociese otro Monarca: habiendo adherido a mi opinión, fuimos a ver y a hablar al general, a quien manifesté mi solicitud y defirió la resolución; entretanto los demás individuos del consulado, que llegaron a extender estas gestiones se reunieron y no pararon hasta desbaratar mis justas ideas y prestar juramento de reconocimiento a la dominación británica, sin otra consideración que la de sus intereses.

Me liberté de cometer según mi modo de pensar, este atentado y procuré salir de Buenos Aires, casi como fugado, porque el general se había propuesto que yo prestase juramento… y pasé a la banda septentrional del río de la Plata, a vivir en la Capilla de Mercedes.[22]

 

Belgrano tomó distancia frente al oportunismo de los miembros del consulado que rápidamente se subordinaron a los invasores ingleses, reforzando su opinión negativa sobre estos comerciantes ligados al comercio metropolitano-colonial y afianzando la idea de obrar en beneficio de las Provincias del virreinato. Cuando los invasores fueron expulsados frente a la indisciplina de las milicias prefirió retornar a su cargo de Secretario del Consulado aunque comprendió la importancia de estudiar táctica y estrategia militar, conocimientos que utilizará luego de 1810. En 1807 se produjo una nueva incursión británica al mando de del gral Whitelocke y Belgrano colaboró en la exitosa defensa de la ciudad, pero siempre criticó  la poca disciplina de las milicias que no querían someterse a ningún entrenamiento:

… gente que era paisana que nunca había vestido uniforme, y que decía con mucha gracia, que para defender el suelo patrio no habían necesitado de aprender a hacer posturas, ni figuras en las plazas públicas para diversión de las mujeres ociosas.[23]

Cuando tuvieron que recibir el juramento de los oficiales británicos prisioneros, Belgrano pudo conversar con uno de ellos, el brigadier general Crawford:

Así es que después de haberse desengañado de que yo no era francés ni por elección, ni otra causa, desplegó sus ideas acerca de nuestra independencia, acaso para formar nuevas esperanzas de comunicación con estos países, ya que le habían salido fallidas las de conquista: le hice ver cuál era nuestro estado, que ciertamente nosotros queríamos el Amo viejo o ninguno; pero que nos faltaba mucho para aspirar a la empresa, y que aunque ella se realizase bajo la protección de la Inglaterra, ésta nos abandonaría si se ofrecía un partido ventajoso a Europa, y entonces vendríamos a caer bajo la espada española, no habiendo una nación que no aspirase a su interés, sin que le diese cuidado de los males de las otras: convino conmigo y manifestándole cuánto nos faltaba para lograr nuestra independencia, difirió para un siglo su consecución… Pasa un año, y he ahí que sin que nosotros hubiésemos trabajado para ser independientes, Dios mismo nos presenta la ocasión avívanse entonces las ideas de libertad e independencia en América, y los americanos empiezan por primera vez  hablar con franqueza de sus derechos. En Buenos Aires, se hacía la jura de Fernando VII y los mismos europeos aspiraban a sacudir el yugo de España por no ser napoleonistas.  ¿Quién creería que don Martín de Álzaga, después autor de una conjuración, fuero uno de los primeros corifeos?[24]

 

Belgrano compartió con otro pequeño grupo de conspiradores la ilusión de que Carlota Joaquina, la hermana de Fernando VII podría ser regente de la Provincias del Río de la Plata y, eventualmente, terminar acompañando el proceso de emancipación política. Pronto descubrió que este plan era un espejismo. También intentó frenar sin éxito la llegada del nuevo virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, quien había participado de la represión del levantamiento de 1809 en Chuquisaca. El arribo del nuevo virrey hizo que Belgrano se retirara nuevamente a Mercedes. Tiempo después, un grupo de amigos de Belgrano convenció a Cisneros que era necesario sacar un periódico. El abogado regresó a Buenos Aires y participó de este emprendimiento con fines políticos:

Sucedía esto a mi regreso… y tuvimos este medio ya de reunirnos los amigos sin temor, habiéndole hecho éstos entender a Cisneros que si teníamos alguna junta en mi casa sería para tratar de los asuntos concernientes al periódico: nos dispensó toda protección e hice el prospecto del “Diario de Comercio” que se publicaba en 1810 antes de nuestra revolución: en él salieron mis papeles que no eran otra cosa que una acusación contra el gobierno español; pero todo pasaba y así creíamos ir abriendo los ojos a nuestros paisanos: tanto fue que salió uno de mis papeles titulado: “Origen de la grandeza y decadencia de los Imperios”., en las vísperas de nuestra revolución, que así contentó a los de nuestro partido como a Cisneros, y cada uno aplicaba el ascua a su sardina, pues todo se atribuía a la unión y desunión de los pueblos.[25]

 

6. A modo de conclusión

Para concluir, queremos resaltar que hacia 1809 muchos de los habitantes de las colonias comenzaron a pensar seriamente en independizarse de la metrópoli. En el caso del río de la Plata, el contacto con las ideas revolucionarias y la negativa de las autoridades coloniales a tomar medidas para mejorar la vida cotidiana en las colonias, la represión de los movimientos de 1809 en Chuquisaca y Quito favorecieron el desarrollo de un sentimiento separatista. Por otra parte, las invasiones inglesas habían dejado una experiencia de autodeterminación política que culminó no sólo en la expulsión de los invasores, sino también en el pronunciamiento que impidió el regreso de Sobremonte como virrey, poniendo en su lugar a Liniers, quien había dirigido exitosamente la reconquista de 1806. Luego, los rumores del movimiento juntista fueron el catalizador para poner en marcha los planes de personalidades como Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Juan José Castelli, Bernardo de Monteagudo, Nicolás Rodríguez Peña o Tomás Guido para desplazar a Cisneros, personaje resistido por haber participado de la represión del movimiento de Chuquisaca. Como registró Guido, la noche del 24 de mayo de 1810 Belgrano juró a la patria y a sus compañeros que si a las tres de la tarde Cisneros no había renunciado lo pasaría por las armas. Su figura, prestigiosa entre los revolucionarios lo colocó en el cargo de vocal del primer gobierno revolucionario del Río de la Plata.  Luego fue puesto al mando de las tropas que se dirigieron al Paraguay y fue en dos misiones militares hacia el Alto Perú. Queda para otro trabajo realizar el análisis de la acción y pensamiento de Belgrano a partir de la Revolución de Mayo.  Por último conviene tener en cuenta que la posibilidad de que los criollos se sintieran representados en las Cortes de Cádiz, o en las medidas tomadas en la Constitución de 1812 llegó  demasiado tarde. El largo período de dominación colonial había dejado en la memoria colectiva malos recuerdos. Eso explica por qué si bien el Alto Perú, Paraguay y la Banda Oriental no quisieron mantenerse unidos a Buenos Aires, lucharon contra la opresión colonial. Si bien se logró finalmente la independencia política, quedaron cuestiones pendientes que terminaron sometiendo a las ex colonias al influjo de las grandes potencias extra regionales. Pero eso es también tema para otro trabajo.

 

 

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NOTAS

[1] UBA. Secretaria de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC). Directora de Ariadna Tucma Revista Latinoamericana (www.ariadnatucma.com.ar). Directora de la página oficial de ADHILAC Internacional (www.adhilac.com.ar)

[2] Mucho se ha discutido sobre el significado de esta rebelión. Como adoptó el nombre de Túpac Amaru II para demostrar que era descendiente del último inca, algunos sostienen que su movimiento sólo apuntaba a retornar al pasado. En otras palabras, si Túpac Amaru negaba la figura del rey y quería reconstruir el imperio de los incas, mal puede considerarse un antepasado de las guerras de la independencia. Otros plantean que su lucha es parte de un movimiento que se inició con la derrota del incario y que aún continúa, es decir, que esta rebelión sería un episodio más en una larga lucha de liberación nacional de los pueblos originarios. Sin embargo, en su inicio no rechazó a la figura del rey y fue secundado por los pueblos originarios como también por europeos, criollos, mestizos. Cuando vio que las autoridades virreinales no cedían, radicalizó su postura (ejecutó del corregidor de Tinta), y proclamó que no reconocía al rey. La sociedad peruana se dividió y la mayoría de españoles y criollos tomó distancia de Túpac Amaru, sin embargo existió un puñado de ellos que continuó la lucha hasta el final y que también sufrió la dura represión de las autoridades coloniales. Esto pone en evidencia que existían sectores significativos (criollos, españoles y otros europeos), que al igual que los pueblos originarios no estaban de acuerdo con las presiones económicas metropolitanas y que dieron batalla a las medidas de ajuste llevadas a cabo por estos funcionarios que respondían a una monarquía inspirada en el despotismo ilustrado.

[3] Para la Rebelión de Túpac Amaru y Tomás Katari ver Colección Pedro De AngelisLa Rebelión de José G. Túpac Amaru”  Buenos Aires. Editorial Plus Ultra. 1971. Tomo VII. Ver también

Golte, Jürgen: “Reparto y rebeliones, Túpac Amaru y las contradicciones de la economía colonial”. Lima. Instituto de Estudios Peruanos. 1980. Lewin, Boleslao: “La rebelión de Túpac Amaru y los orígenes de la emancipación americana”. Buenos Aires. Librería Hachette. 1957. Zárate Caballero, Juan Javier: Ponencia presentada en América Latina en el Bicentenario: la Historia entre el Pasado y Presente. Diálogos del Bicentenario – Grupo Bicentenario. Quito Ecuador. 7 al 10 de Agosto de 2009. Para las reformas borbónicas en el Río de la Plata ver también Fradkin, Raúl y Garavaglia, Juan Carlos: “La Argentina colonial”. Argentina. Buenos Aires. Siglo XXI. 2009.

[4] Este colegio había sido fundado por los jesuitas y hoy es el Colegio Nacional de Buenos Aires que depende de la Universidad de Buenos Aires.

[5] Belgrano, Manuel: “Autobiografía” en Belgrano, Manuel: Escritos Económicos, Buenos Aires, Editorial Raigal, 1954. p. 48.

[6] En Salamanca fue nombrado Presidente de la Academia de Práctica Forense y Economía Política. Asimismo ingresó como miembro de la Academia de Santa Bárbara en Madrid.

[7] Belgrano, Manuel: Opus cit. Pp.48/49

[8] En el virreinato del Río de la Plata la región pampeana, las provincias del litoral y en la Banda Oriental del Uruguay la principal actividad era la caza de ganado cimarrón, del cual se extraía principalmente para exportación el cuero, el sebo y se producía tasajo, carne salada al sol que en general se destinaba a la alimentación de los esclavos. Una parte importante salía por contrabando junto con metales del Alto Perú (Potosí). En la región de Cuyo se había difundido la vid y el olivo sin el apoyo de la corona que prefería enviar sus propios vinos y aceites. Paraguay producía yerba mate. En el Córdoba y Tucumán, había cierta actividad agropecuaria para consumo interno, además de la producción artesanal, como textiles, mulas, carretas, etc. El contrabando con portugueses de Brasil y británicos había permitido el florecimiento de la región del Río de la Plata.

[9] Belgrano, Manuel: Opus cit. p. 67.

[10] “Memoria que leyó el licenciado Don Manuel Belgrano, abogado de los Reales Consejos y Secretario por su Majestad del Real Consulado de esta capital, en la sesión que celebró su Junta de Gobierno el 15 de julio del presente años de 1796 “ En Belgrano, Manuel: Opus Cit. p. 68

[11] Consultar “Memoria escrita por el Licenciado Manuel Belgrano, abogado de los Reales Consejos y Secretario por su Majestad del Real Consulado del Virreinato de Buenos Aires en 1797”. En Belgrano, Manuel: Opus Cit. p. 84 y siguientes.

[12] “Memorias …de 1796”. En Belgrano, Manuel: Opus cit, pp. 68/69.

[13] Ibidem, p. 74.

[14] Ibidem, p. 82.

[15] “Memorias …de 1797”. En Belgrano, Manuel: Opus cit. P. 96.

[16] Ibidem pp. 96/97

[17] “Memoria escrita por el Licenciado Manuel Belgrano, abogado de los Reales Consejos y Secretario por su Majestad del Real Consulado de esta capital en la sesión que celebró su Junta de Gobierno a 14 de junio de 1798”  En Belgrano, Manuel: Opus Cit. p.103

[18] Ver  los artículos del Correo de Comercio de Buenos Aires correspondientes en Belgrano, Manuel: Opus Cit. pp. 113/148.

[19] En este párrafo se refiere al momento de su llegada a Buenos Aires en 1794. Ver Belgrano, Manuel: “Autobiografía”, Opus Cit. p. 49.

[20] Ibidem. p. 50.

[21] Ibidem, p. 51

[22] Ibidem, p. 52

[23] Ibidem, p. 55

[24] Ibidem, pp. 55/56

[25] Ibidem, p. 60

 

Este trabajo fue publicado  en Alberto Gullón Abao y AntonioGutiérrez Escudero (coords.): La Constitución gaditana de 1812 y sus repercusiones en América, Cádiz,Universidad de Cádiz, 2012. Volumen I ISBN: 978-84-9828-361-7 ISBN obra completa (dos tomos) 978-84-9828-342-6. pp. 309-323.

Texto en pdf Belgrano: del reformismo ilustrado a la Revolución

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