TRES REVOLUCIONES QUE ESTREMECIERON EL CONTINENTE EN EL SIGLO XX

México, Cuba y Nicaragua

Sergio Guerra Vilaboy

Alejo Maldonado Gallardo

Roberto Gonzalez Arana

Por Sergio Guerra Vilaboy

Desde los tiempos de Simón Bolívar la historia de América Latina ha estado signada por las revoluciones. En 1791 estalló la revolución haitiana que condujo a la liberación de los esclavos y la independencia, abriendo el ciclo de las luchas emancipadoras latinoamericanas. Durante las últimas dos centurias otros procesos revolucionarios provocaron inesperados giros en la historia, como analizamos en el libro Tres revoluciones que estremecieron el Continente en el Siglo XX(2020), elaborado con mis colegas de México y Colombia, Alejo Maldonado y Roberto González Arana.  Si bien la historia no puede reducirse a las revoluciones, sin duda estos procesos, triunfantes, fracasados o incompletos, constituyeron momentos cruciales y decisivos que han determinado en gran medida el derrotero latinoamericano.

Aunque ya en la antigüedad Aristóteles se interesó por el tema de las revoluciones, el concepto moderno llegó a las ciencias sociales procedente de la Física y la Astronomía. Su origen se relaciona con la obra de Nicolás Copérnico De revolutionibus orbium coelestium (1543), en alusión al movimiento circular de los cuerpos celestes. Pero fue en Inglaterra, durante el siglo XVI, que el término fue empleado para calificar un cambio político radical, después de que fue clausurado el parlamento por Cromwell.

Durante el siglo XVIII, filósofos ilustrados, impactados por la revolución francesa, se valieron del concepto con sentido de progreso, que aún conserva, aplicado al movimiento de las masas populares, un golpe de estado o un viraje brusco en la política. En Francia, historiadores como Thierry, Guizot y Mignet, explicaron la revolución por las luchas de clases. Bajo esa impronta aparecieron las primeras historias de la independencia de los países latinoamericanos, como la Historia de la Revolución de Nueva España (1813), del sacerdote mexicano Servando Teresa de Mier y Bosquejo de la Revolución de la América española(1817), del venezolano Manuel Palacio Fajardo.

Después se agregaron adjetivos a la palabra revolución: política, social, filosófica, industrial y otras. En 1844, Carlos Marx escribió: “Cada revolución derroca al antiguo poder, y por eso tiene carácter político. Cada revolución destruye una vieja sociedad, y por ese motivo es social”, llegando a considerarla como la locomotora de la historia. Fue Walter Benjamín, parafraseando a Marx, quien advirtió con cierta ironía: “Pero tal vez las cosas sean diferentesy las revoluciones sean la forma en que la humanidad, que viaja en ese tren, jala el freno de emergencia.” Por su parte, Lenin, para precisar el concepto marxista de revolución burguesa, aclaró que debía entenderse de dos maneras: en el plano teórico o en la práctica histórica mundial.

Aplicada a la historia de América Latina, la idea leninista de un ciclo revolucionario permite considerar a la lucha independentista (1790-1826), así como las reformas liberales que le sucedieron en casi todas partes desde mediados de esa centuria, incluyendo las que ocurrieron después, entre ellas la revolución mexicana de 1910, como diferentes oleadas dirigidas contra el viejo orden precapitalista y las injusticias socio-políticas. A los violentos procesos revolucionarios que sacudieron la América Latina desde el siglo XIX solo les fue posible alcanzar entonces las metas parciales para las cuales cada país ya estaba maduro, esto es, un determinado escalón en su desarrollo, como parte de un cambio de larga duración que permitiera la sustitución de la formación económico social caduca por una nueva.

Las oleadas revolucionarias del siglo XX adquirieron también un carácter antimperialista e incluso socialista, como consecuencia de las derrotas anteriores de las alternativas más democráticas, que habían dado por resultado el predominio en toda América Latina de un capitalismo deforme y dependiente. Pero todas las revoluciones surgieron de una profunda crisis nacional y una en crispada agitación social, tal como escribió José Martí cuando organizaba la guerra de independencia cubana de 1895: “Las revoluciones son como el café: han de hacerse con agua hirviendo.

Fuente: www.informefracto.com – 2 de marzo de 2021

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