Por Sergio Guerra Vilaboy

Durante la conquista de América muchas mujeres sobresalieron en la lucha contra los invasores europeos, como la heroína mapuche Fresia, pero hubo dos que les sirvieron: Pocahontas y Malinche. Aunque la imagen idealizada de Pocahontas, difundida por los dibujos de los estudios Disney, es elogiosa, no sucede lo mismo con Malinche, considerada una traidora a su pueblo, tema que traté en el popular programa de la televisión cubana Pasaje a lo Desconocido, a solicitud de su conductor Reinaldo Taladrid, y que ahora comparto con los lectores de Informe Fracto.

Conocida también como Malinalli o Malintzin, la Malinche era una indígena nacida a fines del siglo XV cerca de Coatzacoalcos (Veracruz), región fronteriza entre poblaciones náhuatl y maya, lo que explica su dominio de ambas lenguas –más tarde aprendió también el castellano-, que facilitó su labor de traductora de los conquistadores españoles. En 1519, estuvo entre las veinte mujeres entregadas como regalo por el cacique de Tabasco a Hernán Cortés. Su papel fue decisivo en la toma de Tenochtitlan en 1521, estableciéndose después con el conquistador de México en Coyoacán, donde nació su hijo Martín. Tras la llegada de la esposa de Cortés, la Malinche, beneficiada con varias encomiendas de indios, y convertida al catolicismo como Doña Marina, se casó con otro encumbrado conquistador, Juan Jaramillo, con quien tuvo una hija, aunque a partir de ahí su vida se desdibuja y desconocemos su fecha de muerte.

Los cronistas del Virreinato de Nueva España hicieron la apología de la indígena que ayudó a la conquista como traductora y consejera de Cortés. Sin embargo, durante la independencia de México, que como en toda Hispanoamérica significó una reconstrucción del imaginario prehispánico, la visión de la Malinche cambió con la novela histórica anónima Xicoténcatl (1826). Por primera vez se le consideró un personaje negativo, interpretación dominante desde entonces, aunque ahora algunos han comenzado a presentarla como víctima de la conquista y forjadora de una nación mestiza, como hace el documental de Fernando González Sitges Malintzin, la historia de un enigma, estrenado este año.

Surgida de diferente dinámica colonizadora, Pocahontas o Matoaka, como también se le conoce, fue una indígena algonquina nacida un siglo después de Malinche, en la bahía de Chesapeake, actual Virginia, donde más tarde se fundó, en la desembocadura de un río, la primera colonia inglesa estable del continente. Era hija del cacique Powhatan, quien en 1607 capturó a uno de los pioneros británicos, el capitán John Smith, al que según su propio relato en la The Generall Historie of Virginia (1624), la niña Pocahontas salvó de ser ejecutado. Luego la convivencia mejoró y algunos ingleses pudieron sobrevivir–la mayoría murieron de hambre y enfermedades- con la ayuda de los algonquinos, hasta que las hostilidades se reanudaron. Según fuentes europeas, Pocahontas tomó partido por los invasores, advirtiéndoles de una encerrona preparada por su padre. Aunque la versión edulcorada de Hollywood tejió un romance entre ellos, lo cierto es que Smith regresó a Inglaterra y Pocahontas se casó en 1612 con Kocoum, un guerrero algonquino.

Desde ahí su vida se hace más difusa. Con unos 18 años, Pocahontas fue secuestrada por el oficial inglés Samuel Argall cuando llevaba alimentos a los famélicos colonos de Jamestown. Sometida a un largo cautiverio, en el que fue maltratada, consiguió su libertad al casarse con el exitoso plantador de tabaco John Rolfe, tras aceptar la religión anglicana con el nombre de Rebecca. Este fue la primera boda con autorización real de un europeo con indígena registrado en las colonias inglesas y abrió una tregua de varios años con los algonquinos. En 1616, Lady Rebecca, como se llamaba ahora, viajó a Inglaterra con su esposo y su hijo Thomas, junto con una docena de indígenas, para mejorar la imagen de Norteamérica y promover la emigración a Virginia. Presentada por Smith como una exótica princesa del Nuevo Mundo y recibida en la corte, su visita conmovió a la sociedad inglesa, aunque murió al año siguiente.

Desde entonces la imagen de Pocahontas, presentada como una noble indígena que favoreció la colonización europea, fue utilizada no sólo como emblema de las cajas de tabaco de Virginia, sino también como un mito fundacional de los propios Estados Unidos que escamotea la verdadera historia del exterminio de los pueblos originarios. En cambio, la figura de la Malinche, pese a todos los intentos de reivindicación, sigue siendo la de una Quisling americana, postrada ante el invasor foráneo.

Fuente: www.informefracto.com – 7 de mayo de 2021

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