Sergio Guerra Vilaboy

El 6 de mayo de 1821 se inauguró el congreso constituyente de la gran República de Colombia en la villa del Rosario de Cúcuta, entonces un pequeño poblado fronterizo entre la antigua Capitanía General de Venezuela y el Virreinato de Nueva Granada. El cónclave debía elaborar la carta magna que ratificara su existencia como un estado unitario y elegir sus máximas autoridades.

La nueva nación había sido fundada en Angostura por Simón Bolívar, el 17 de diciembre de 1819, tras su victoria de Boyacá y la consiguiente liberación de Bogotá, la capital virreinal. El nombre de Colombia se lo había puesto Francisco de Miranda a toda Hispanoamericana, pero el Libertador lo utilizó para llamar a los territorios norandinos emancipados por sus ejércitos e integrados en una sóla república. Ya en diciembre de 1813 había escrito al general venezolano Santiago Mariño: “Apenas Venezuela unida con la Nueva Granada podría formar una nació… La unión bajo un solo gobierno supremo, hará nuestra fuerza, y nos hará formidables a todos.” 

La asamblea constituyente de Cúcuta, tuvo lugar después de reanudarse la guerra contra España (28 de abril de 1821), tras el levantamiento de Maracaibo. En su primera sesión sólo estaban presentes 57 de los 95 diputados electos por las 19 provincias neogranadinas y venezolanas. Fue abierta por el ilustre neogranadino Antonio Nariño, acabado de regresar tras ser liberado de la prisión en Cádiz por la revolución de Riego, encargado por Bolívar de sustituir a los vicepresidentes colombianos Juan Germán Roscio y Luis Eduardo de Azuola, fallecidos sucesivamente en el alto cargo en 1821.

Pero muy pronto el Libertador manifestó su desencanto con los debates y primeros acuerdos de la asamblea de Cúcuta, cada vez más alejados de sus recomendaciones al congreso de Angostura en 1819, que incluían la solicitud de ratificar la abolición de la esclavitud, promulgada por Bolívar tres años antes, al desembarcar en Ocumare procedente de Haití. La convención colombiana rechazó su pedido y a regañadientes adoptó, el 21 de julio de 1821, una ley de vientres libres, como concesión al Libertador, quien había respondido a los congresistas que deseaban premiarlo por la victoria de Carabobo, que su mejor recompensa sería “la libertad absoluta de todos los colombianos al acto de nacer en el territorio de la república”.

En plena campaña militar para liberar Quito y consolidar a Colombia, Bolívar contemplaba impotente como su programa revolucionario eran arrinconado por los diputados en Cúcuta. Decepcionado, escribió al general neogranadino Francisco de Paula Santander: “Esos señores piensan que la voluntad del pueblo, es la opinión de ellos, sin saber que en Colombia el pueblo está en el ejército […]. Esta política, que ciertamente no es la de Rousseau, al fin será necesario desenvolverla para que no nos vuelvan a perder esos señores. Piensan esos caballeros que Colombia está cubierta de lanudos, arropados en las chimeneas de Bogotá, Tunja y Pamplona”, rematando sus duros calificativos con la afirmación de que esos legisladores “nos van a conducir a la anarquía, y después a la tiranía, y siempre a la ruina [pues pretenden…]  edificar sobre una base gótica un edificio griego al borde de un cráter.”

El Congreso de Cúcuta, presidido por el neogranadino José María Castillo y Rada, aprobó finalmente, el 20 de octubre de 1821, la ley fundamental de la unión de los pueblos de Colombia. La misma establecía una república centralista, dividida en tres grandes departamentos (Venezuela, Cundinamarca y Quito, este último aun sin liberar), otorgaba amplios poderes a las dos cámaras del legislativo, superiores a los del ejecutivo, para el que fueron elegidos Bolívar (Presidente) y Santander (Vicepresidente).

Aunque suprimía la trata, el tributo indígena y los onerosos impuestos coloniales, la carta magna significó, en materia social, otro retroceso en el programa bolivariano de la independencia y lesionó la posibilidad de forjar una nación verdaderamente integrada. Cuando las campanas de Bogotá repiqueteaban por la promulgación de la constitución de Cúcuta, Bolívar, vislumbrando su destino, expresó a su edecán: “Doblan por la muerte de Colombia”, como lo hacen de nuevo hoy por los asesinados en las calles en las protestas contra el desgobierno de Iván Duque.

Fuente: www.informefracto.com – 14 de mayo de 2021

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