Sergio Guerra Vilaboy

En noviembre de este año se conmemora el bicentenario de la independencia de Panamá y su incorporación a la Colombia de Simón Bolívar. La expedición libertadora enviada a principios de 1814 por la república de Cartagena de Indias constituye el preludio de su emancipación de España. Olvidada por la historiografía tradicional, este episodio es el eje de la documentada investigación del joven historiador chileno Daniel Báez Trujillo para su magister por la Universidad de Los Lagos, en cuyo tribunal académico participé on line el mes pasado, invitado por el doctor Patrick Puigmal.

Esta desdeñada invasión patriota fue organizada en Cartagena, principal puerto y bastión militar de Nueva Granada, que desde el 11 de noviembre de 1811 era independiente, tanto de España como de Bogotá, gracias al accionar de las milicias de pardos y morenos, como ya contamos en Informe Fracto. El 15 de junio de 1812 el congreso de Cartagena había aprobado una constitución igualitarista, cónclave descrito por el irritado arzobispo neogranadino Custodio Díaz, desde su refugio en La Habana, donde “todos se hallan mezclados los blancos con los pardos, para alucinar con esta medida de igualdad, una parte del pueblo”. Al año siguiente, el propio foro dispuso la confiscación y reparto de todos “los bienes que correspondieran a los enemigos de la libertad americana.”

Fue precisamente en el Estado Libre de Cartagena de Indias donde encontraron refugio muchos patriotas hispanoamericanos y un enjambre de piratas de Haití, Francia, Inglaterra, Estados Unidos y otros países, que obtuvieron patentes de corso de esta república neogranadina, que también proporcionó a Bolívar recursos y hombres para emprender en 1813 su exitosa “campaña admirable” sobre Venezuela. Esa atrevida postura atrajo a cientos de aventureros y revolucionarios de diferentes latitudes, en especial muchos franceses, impregnados del espíritu de la revolución de 1789, como bien lo ilustrara Alejo Carpentier en su fascinante novela El siglo de las luces (1962).

Algunos eran experimentados oficiales napoleónicos llamados por Francisco de Miranda para apoyar la I República de Venezuela (1811-1812), a quienes inculcó su ideario independentista y de unidad hispanoamericana, o colombiana al decir del propio Precursor, lo que fue una de las motivaciones del audaz plan para atacar Portobelo. Uno de esos franceses era el oficial de infantería Joseph Du Cayla, que en un almuerzo con Miranda había afirmado: “Daremos nuestra sangre por la libertad de Colombia y haremos por Miranda, lo que hicieron La Fayette y Rochambeau por George Washington”, que cita Báez Trujillo para fundamentar su tesis, titulada Expedición secreta a Panamá. ¿Un intento de ejecución del proyecto mirandino de emancipación de Hispanoamérica? Encabezado por el Comandante Benoit Chassériau en enero de 1814.

Este otro oficial eraveterano de las campañas napoleónicas en Egipto y Haití, donde abandonó al ejército, pasando después de Jamaica a Venezuela. Tras la capitulación de Miranda en San Mateo, en julio de 1812, Chassériau encontró refugio en Cartagena. Bajo el mando de su compatriota Pierre Labatut, combatió a la vecina provincia realista de Santa Marta, sostenida con suministros desde Santiago de Cuba y Portobelo. Para cortar la amenaza potencial del cercano puerto panameño, Chassériau concibió una expedición militar con el concurso del ministro de guerra de Cartagena, el francés Pierre Antoine Leleux, antiguo secretario personal de Miranda, con la autorización del presidente Manuel Rodríguez Torices.

La expedición comandada por Chassériau la integraron más de cuatrocientos hombres de diferentes orígenes, muchos de ellos haitianos y franceses, junto con unos pocos hispanoamericanos. Embarcados en seis goletas y un bergantín, en su mayoría proporcionados con su tripulación por los hermanos Laffite desde la Barataria, especie de base pirata cerca de Nueva Orleáns, salieron de Cartagena el 2 de enero de 1814. Al frente de la flotilla corsaria figuraba Renato Beluche, ex oficial de Napoleón, quien una década después sería designado por Bolívar para dirigir la escuadra colombiana encargada de liberar a Cuba y Puerto Rico.

Sólo una parte de la flota con bandera de Cartagena pudo desembarcar el 14 de enero en la ensenada de Buenaventura, cerca de la bahía de Portobelo, donde los realistas, alertados por sus espías en la costa neogranadina, los esperaban parapetados en la fortaleza de San Gerónimo. Perdido el factor sorpresa, y disminuidos sensiblemente sus efectivos, el ataque fracasó y debieron reembarcarse el día 17. Tal como le había sucedido a Miranda en Coro, apenas ocho años antes, la invasión no logró su propósito de despertar la rebelión de los panameños contra España, que sólo se produciría en 1821, aunque sin ninguna relación con la olvidada expedición del Estado Libre de Cartagena de Indias.

Fuente: www.informefracto.com – 21 de mayo de 2021

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