Sergio Guerra Vilaboy.

Felipe Guamán Poma de Ayala (1534-1615) es considerado uno de los primeros historiadores indígenas peruanos y, junto al junto al Inca Garcilaso, figura entre los mejores exponentes de esa historiografía en toda Hispanoamérica. Además de las abundantes informaciones contenidas en su Nueva Crónica y Buen Gobierno, terminada entre 1613 y 1615, también son muy valiosas, ante las escasas pictografías incaicas, las casi cuatrocientas ilustraciones de la obra, dibujadas a plumilla y sin color, a página completa.

El manuscrito de la “Nueva Corónica y Buen Gobierno”, título del ejemplar original, enviado al monarca español, se extravió y solo fue encontrado en la Biblioteca Real de Dinamarca (1660), aunque no se publicó completo hasta 1936. Su autor había nacido en el actual departamento de Ayacucho en una familia curaca de Huánuco, en Chinchasuyo, y su madre era hija del Inca Túpac Yupanqui. Con la ayuda de un hermano menor mestizo, el sacerdote católico Martín de Ayala, Guaman pudo aprender el castellano y obtener cierta educación, que le permitieron encontrar empleo en diferentes partes del Virreinato, entre ellas, Cusco, Huamanga y Lima.

Durante más de veinte años escribió en castellano, con algunas palabras y frases sueltas en quechua, las más de mil páginas de su Nueva Crónica y Buen Gobierno, con la principal finalidad de acreditar su linaje y reclamar bienes. La obra comienza con una carta del padre del autor, fechado el 15 de mayo de 1587, dirigida al Rey de España. Al igual que hicieron en México sus contemporáneos Tezozómoc y Ixtlilxóchitl, también pertenecientes al reducido grupo de indígenas principales, descendientes de la antigua clase dirigente prehispánica, que recuperaron la memoria histórica para reclamar privilegios y propiedades, Guaman apela a su genealogía para atribuirse un origen encumbrado y resaltar el apoyo de sus ancestros a la conquista española.

A continuación, todo el abigarrado texto se convierte en un alegato sobre sus derechos a una posición prominente, aunque la argumentación, carente de hilo conductor y de elegancia literaria, se pierde en digresiones históricas o pintorescas, relacionados con los dibujos más próximos. En la narración, Guamán violenta la cronología y exagera los méritos de sus antepasados para resaltar el contraste entre la grandeza anterior y su presente penuria, que lo obligó a recorrer la provincia de Huamanga en busca de trabajo hasta ser intérprete en la Real Audiencia de Lima. Muy originales son sus descripciones de fiestas, costumbres y canciones del Perú, así como su idea de que los pueblos preincaicos ya habían comenzado la evangelización en tiempos del segundo Inca.

La parte titulada Buen Gobierno está dirigida a informar a Felipe II de la pésima situación de los aborígenes bajo la dominación española, darle recomendaciones para mejorar su administración, acompañadas de la más dura crítica indígena hecha a España durante toda la época colonial. Describe con crudeza los abusos contra los pueblos originarios, a los que considera dueños de las Indias, “porque Dios nos lo ha dado a nosotros”, cometidos tanto por conquistadores, funcionarios y encomenderos españoles como por los propios jerarcas indígenas.

Enemigo de todas las injusticias, Guamán ofrece en este texto una nueva visión de la historia incaica, en particular con sus singulares viñetas enciclopédicas ilustradas. Al revalorizar la historia prequechua, Nueva Crónica y Buen Gobierno se ubica en la corriente historiográfica “toledana”, en alusión a su promotor Francisco de Toledo, virrey del Perú entre 1569 y 1582, quien siguiendo al cronista español Pedro Sarmiento de Gamboa, consideraba ilegítimo el gobierno incaico y opresor de otros pueblos andinos.

La diferente perspectiva analítica de esta obra, muy alejada a los edulcorados Comentarios Reales del Inca Garcilaso, apegada a la versión cortesana de la historia construida por la clase dominante incaica, llevaron al historiador marxista peruano Gustavo Valcárcel a considerar enPerú : mural de un pueblo (1988): “Guamán Poma de Ayala revolucionó la historia del Perú incaico. Sus punciones llegan hasta la vivisección de la Conquista. La protesta flamígera y la crítica mordaz azotan por igual a Incas y españoles, a curas católicos y a hechiceros indios, a hispanos desalmados y a curacas aborígenes. Sus pecados veniales jamás desmerecerán la grandeza de una obra nacida de la simiente viva del pueblo y del dolor de las razas expoliadas que amanecían en la formación de la gran patria del Perú.”

Fuente: www.informefracto.com – 3 de agosto de 2021

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