Sergio Guerra Vilaboy

Los historiadores chilenos discrepan al evaluar la actuación del libertador José Miguel Carrera (1785-1821), fusilado por los propios patriotas el 4 de septiembre de 1821, hace ahora doscientos años. Hijo de un encumbrado hacendado del centro de Chile, se destacó como oficial en la lucha contra los invasores franceses en España, donde resultó herido, y desde julio de 1811 fue la principal figura de la emancipación en la tierra austral durante la llamada Patria Vieja (1810-1814).

El 4 de septiembre de 1811 Carrera y sus hermanos Juan José y Luis, con mando de tropas en Santiago, derrocaron a la junta moderada que había sustituido un año antes al anciano capitán general. El cambio en la correlación de fuerzas fue capitalizado por el cura Joaquín Larraín, cabeza de una poderosa familia criolla conciliadora. Tras el ascenso al poder de José Miguel Carrera, el 15 de noviembre de ese año, alentado por el agente de Estados Unidos Joel R. Poinsett, se dispuso la sustitución del pabellón español por una bandera tricolor y proclamada la constitución de 1812 que organizaba un estado libre. Aunque se mantenía el reconocimiento formal a Fernando VII, el primer periódico nacional Aurora de Chile, editado por el sacerdote Camilo Henríquez, abogaba por la independencia absoluta.

La postura más moderada volvió a cobrar fuerza desde principios de 1814 al ocupar Bernardo O´Higgins la jefatura del ejército en sustitución de Carrera, que había sufridos severos reveses militares. Tras el restablecimiento del absolutismo en España, el nuevo gobierno chileno firmó el Tratado de Lircay con los representantes españoles, al que se opuso Carrera, decidido a enfrentar el pacto. El desconocimiento del acuerdo por el Virrey de Lima llevó a las dos facciones criollas a dejar sus diferencias ante la ofensiva enemiga, aunque la derrota en la batalla de Rancagua (2 de octubre) se debió a la desconfianza entre las tropas de Carrera y las de O´Higgins.

Refugiados por separado en el campamento de José de San Martín en Mendoza, mientras O´Higgins se entendía con el jefe del Ejército de los Andes Carrera terminaba expulsado. Tras una obligada estadía en Buenos Aires, se trasladó a Estados Unidos en noviembre de 1815, donde se entrevistó con el presidente James Madison. En territorio norteamericano consiguió armas, hombres y cinco barcos para una expedición libertadora. Al arribar de nuevo a Buenos Aires en febrero de 1817, la flotilla de Carrera fue desarticulada por el gobierno de Pueyrredón, al negarse a subordinarse a San Martín, que ya combatía en Chile.

Encarcelado, Carrera escapó dos meses después, se unió a los federalistas del Río de la Plata en su contienda contra la hegemonía porteña y dio a conocer al año siguiente su Manifiesto a los Pueblos de Chile contra San Martín y O´Higgins. Casi al mismo tiempo eran apresados y ejecutados en Mendoza, el 8 de abril de 1818, sus hermanos Juan José y Luis, fracasados en su intento de pasar al territorio austral para combatir al gobierno criollo. Ese trágico final fue también el de otro conspicuo carrerista, Manuel Rodríguez, que con sus guerrillas había sido indispensable para el exitoso cruce de los Andes por San Martín. Detenido en el Palacio Directorial en Santiago, al pretender ocupar el poder tras el revés patriota de Cancha Rayada (19 de marzo), Rodríguez fue detenido y enviado a la prisión de Quillota (Valparaíso), ruta en la que se le aplicó la ley de fuga (Tiltil, 26 de mayo de 1818). El propio Carrera, cuando tres años más tarde trataba de llegar a Chile para desalojar a O´Higgins, cayó prisionero en Mendoza. En la misma plaza donde habían ejecutado a sus hermanos fue pasado por las armas el 4 de septiembre de 1821, no sin antes exclamar: ¡Muero por la libertad de América!

Detrás de todos estos hechos de sangre se encontraba la Logia Lautaro, que actuaba como mando político del ejército de San Martín y cuya filosofía era la de eliminar todo obstáculo a la emancipación. O’Higgins, enemigo jurado de los carreristas y responsable directo de estas ejecuciones, ya había escrito: “Nada extraño lo de los Carrera; siempre han sido lo mismo, y sólo variarán con la muerte; mientras no la reciban fluctuará el país en incesantes convulsiones, porque siempre es mayor el número de los malos que el de los buenos. Un ejemplar castigo y pronto es el único remedio que puede cortar tan grande mal. Desaparezcan de entre nosotros los tres inicuos Carrera, juzgueseles y mueran, pues lo merecen más que los mayores enemigos de la América.”

Fuente: www.informefracto.com – 17 de septiembre de 2021

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